31 diciembre, 2012

Feliz 2013


Los cigarrillos de París*, como espacio patrocinador de esta entrada, y yo misma, les deseamos un Feliz 2013**, así como que hayan disfrutado del peor apocalipsis de la historia. 

* Quizá no son los mejores, pero sí los más caros. 
** Igualmente, y con la que está cayendo vamos a conformarnos con desear que el año que entra no sea peor, a riesgo de las habituales acusaciones de pesimismo que sin justicia suelen caer sobre mi persona. 


30 octubre, 2012

Los mitos de París

Al contar que estaré cuatro meses en París, la gran mayoría de la gente se cree que lo que estoy haciendo es esto:


Y que cada vez que salgo a pasear, es una cosa más o menos así: 


Pero básicamente, París es más bien esto:



Así que ahórrense comentarios y regálenme de una vez una botella de absenta, que la voy necesitando. 

28 octubre, 2012

La grisaille de París



En este pequeño reino sin huéspedes
todo se esfuma
si cierras la venta, si despiertas.
Si no miras 
arriba
al cielo.

(Félix Hangelini, 28 de octubre de 2011)

Vuelvo al blog, con lavado de cara y retransmitiendo desde París. Llevo desde junio pensado mucho en el futuro de este espacio, si valía la pena, después de la última entrada, volver a escribir nada más. Y aunque no es mi intención, Félix me obliga otra vez a volver a escribir, porque hoy hubiera cumplido treinta y cinco años y si estuviera vivo ni hubiera pensado en ese detalle. Así que, técnicamente, supongo que podría haber elegido cualquier otra fecha, aunque su ausencia está tan incorporada a mi cotidianidad que no sé hasta qué punto necesito efemérides. 
Supongo que tiene que ver con el estar en París. De París se ha escrito tanto que cualquier cosa que se diga sonará tan tópico como un llavero de la Torre Eiffel. Aunque básicamente, puede resumirse en una frase: París es tan gris que los franceses se han inventado un término propio como grisaille, que vendría a ser un concepto cromático, pero que también puede referirse a la monotonía como forma de vida. Eso es París, grisaille pura y dura. Y justo hace un año, Félix hablaba en su blog del cielo de Madrid, que vendría a ser todo lo contrario al de aquí. Y hace unos meses, me felicitaba por la beca que me permite estar aquí: "ya te tocará parisear un pelín". De repente, me doy cuenta de que él también tuvo un tiempo parisino, y que nunca pudimos hablar de París, de los franceses, lo difícil que es conseguir piso y lo infausta que es la Bibliothèque nationale de France, donde seguramente se tuvo que pasar la mayor parte de su estancia. 
También me doy cuenta de que la semana que viene tengo un congreso en Cádiz, a cuyas organizadoras les tuve que pedir que sacaran el nombre de Félix del programa, y es desesperante lo fácil que puede llegar a ser borrar un nombre, así que ahora lo único que puedo hacer es pronunciarte a menudo y no sólo en el día de tu cumpleaños, para conjurar, desde el cielo de París hasta el de Cádiz, la posibilidad de que nadie pueda volver a borrarte de ningún sitio.

Imagen original Reuters/Éric Gaillard.

17 junio, 2012

Malanguito que estás en los cielos

Diría que en los últimos dos días he dicho más veces que nunca en mi vida que me había quedado sin palabras. Los filólogos solemos tener palabras para todo, a menudo estamos empeñados en rellenar las dobleces de la realidad con palabras: sabemos que el mundo es lenguaje y nos lanzamos a nombrarlo todo compulsivamente, no vaya ser que quede algo innombrable, un vacío lingüístico al que nos tengamos que enfrentar con la boca cerrada y los ojos abiertos.
Eso es exactamente lo que ocurre con la muerte, que es un enorme agujero negro de palabras ante el cual sólo podemos quedarnos en silencio y a menudo estupefactos. Una vez me dijeron que todas las muertes tenían algo de inesperado, pero como en todo, supongo que hay gradaciones.
El lunes mataron a Félix Ernesto Chávez, Malanguito para mí, compañero de penas y fatigas, en un asesinato absurdo, del cual he buscado obsesivamente -e irracionalmente- todos los detalles, que voy a a ahorrar acá. Quizá porque necesitaba leer una y mil veces la misma nota, en distintas versiones copiadas en distintos periódicos para creérmelo. Porque una muerte convertida en suceso se hace todavía menos creíble: una foto, una crónica, un asalto, otro caso más de violencia en México que esta vez tiene cara, tiene cuerpo y tiene voz. La deconstrucción miente como bellaca... el lenguaje sí tiene referente, y eso es lo terrible, que cuando falta me veo obligada a llenar con palabras que no salen un vacío aterrador.
Incluso el panegírico, como discurso, tiene sus normas. Obliga a una lamentación, obliga a un elogio, a menudo forzado, de quien ya no está. No necesito recordar el corazón de oro que tenía Félix. Me alegra más recordarlo por su excepcionalidad. A Félix siempre lo quise por lo raro, porque era un histérico y un gregario. Y porque me incluyó en su vida, con ese modo tan extraño y usual en él de seleccionar a la gente, y ahora me deja un vacío inquietante, de repente una ausencia flotante cuya realidad solo puedo justificar con recortes de periódico.
El lenguaje es terrible: te obliga a cambiar, en apenas un minuto, de los verbos en presente a los de un pasado que todavía no se puede concebir como tal, y reformular los futuros planeados en un condicional ya imposible. Ya nunca me voy a poder volver a meter con esas fotos tuyas que ahora circulan en crónicas negras que me siguen pareciendo irreales, esa imagen, que obvio colgar aquí, porque nunca me gustó, en las que te retratas en unas poses académicas que nunca te hicieron justicia.
Que nadie se crea la imagen que ha aparecido en todos los periódicos, porque ese no es Félix. Félix era tímido, dramático y tremendamente miedoso, nada que ver con el ceño fruncido de serio profesor con el que se empeñaba en retratarse. Esa siempre fue la foto de alguien que no existía y ahora me encuentro con la verdad terrible de que la única imagen que me queda de él remite irremisiblemente a una ausencia de otra ausencia. Maldito Roland Barthes y sus teorías sobre la fotografía, maldito México que me has dado tanto y ahora me quitas el doble. Maldita muerte, que sólo me dejas recurrir al silencio impotente, a la invocación necesaria e incluso a un rezo prefijado. Te has ido, y sólo me queda la evocación y la certeza de que algo demasiado profundo para articularlo ha cambiado. 
Malanguito, que estás en los cielos, no sabes cómo odio que lo único que me quede de ti sean palabras. 

31 marzo, 2012

Ah, la primavera



Viñeta de El Roto en El País, 31 de marzo de 2012. Enlace a la web original aquí.

29 marzo, 2012

Cerrado por huelga general




Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a dejar de lado mis inútiles hallazgos finiseculares para hablar de la gris contemporaneidad.
Después de una semana llena de fricciones con piquetes de estudiantes que decidieron por su cuenta y riesgo empezar la huelga general la semana pasada, impidiendo entre otras lindezas el acceso a las aulas al resto de alumnos, no estaba yo en mi mejor ánimo hacia la huelga. Especialmente cuando el martes me encontré el aula en la que doy clase literalmente ocupada por un profesor simpatizante de la asamblea de estudiantes que estaba dando una conferencia "alternativa" sobre el declive de algo. En primer lugar, a mí el concepto de "actividad alternativa" me produce una sensación inquietante, por la proposición implícita de que las clases deben ser demasiado mainstream para algunos. En segundo lugar, algo falla cuando voy a dar una clase de Foucault -sí, Foucault, el gran teórico de las estructuras del poder- y no puedo hacerlo porque no es suficientemente alternativo, ni ha sido pactado con la asamblea. Tercero, yo, que tengo un espíritu inclinado al disfrute de lo aberrante, me quedé en la conferencia a ver qué decía el insigne intelectual. Y llámenme rara, pero si yo dudo a la hora de leer e interpretar un texto, en lo que a cambiar el mundo y subvertir los discursos del poder (Foucault speaking) se refiere dudo todavía más, a todas horas y de muchas maneras. Así que un acto de paternalismo y divismo académico a partes iguales de un señor que parece tenerlo todo claro y que da una conferencia en forma de clase magistral desde la posición privilegiada de intelectual que le ha otorgado la academia, que quieren qué les diga... a mí me hace dudar. 
Debido a las circunstancias que acabo de resumir, no me encontraba, por lo tanto, en la mejor de las disposiciones huelguísticas. Anoche todavía estaba atrapada en una profunda crisis existencial relativa a seguir o no seguir la huelga, consumir o no consumir, ir o no ir a la manifestación, que me estaba poniendo al borde de un colapso nihilista, entre cervezas y capítulos de Breaking Bad. Afortunadamente, en la vida una siempre se encuentra a algún gilipollas que le aclara las ideas. Y es que estaba yo con mi crisis y me llegó un correo de un compañero de los cursos de inglés que estoy tomando últimamente afirmando que él estaba en contra de la huelga. Respetable. Luego añadió que los jóvenes lo que deberíamos hacer es manifestarnos pidiendo más flexibilidad a la leyes laborales y no lo contrario, porque eso sería lo que realmente nos beneficiaría. No voy a hacer sangre de tan magna estupidez, pero sólo diré que este señor, de clase media, con una edad que rondará la cuarentena pasada y un trabajo fijo con horarios estables, a lo mejor podría quedarse sin trabajo y empezar a disfrutar de las múltiples opciones flexibles que ofrece el mercado laboral. No sé, como experiencia positiva y enriquecedora. Claro que este colega es el mismo que en clase me dijo una vez que la universidad española estaba llena de zánganos -entre los que me incluía de forma sutil- y que también era muy positivo para nosotros salir a formarnos al extranjero. Aprovecho para aclarar una cosita desde ya: los investigadores que se van, en general, no vuelven. Y sobre este caso en concreto, no sólo invito a quién quiera a gozar de las maravillas de la flexibilidad laboral incrustadas por dónde el sol no brilla, si no que propongo a todo aventurero que pruebe a largarse del país, siquiera un año o dos (que ya es demasiado poco) dejando colgada aquí toda su vida personal y social, a ver qué les parece. Que ver mundo es positivo, pero ya les digo que está muy sobrevalorado.


Curioso que siempre tengan que ser señores blancos de clase media los que dan lecciones a los demás sobre a qué tienen que aspirar en la vida. Definitivamente, DWEM power is still alive, aunque estos estén bien vivos.
Dicho esto, finalmente me acordé de mi propia genealogía familiar, porque al final, lo político siempre termina siendo una cuestión sentimental. Aunque no se lo crean, yo recibí una estricta educación marxista-leninista-trotskista que incluía una tremenda dosis de mala conciencia por no seguir una huelga. Y me he pasado la vida escuchando a mi santo abuelo explicar cómo, a lo largo de todos los años de su vida laboral, no tuvo un domingo de fiesta. Claro que mi señor abuelo dice que esta huelga es una mariconada, porque en sus tiempos las huelgas eran de una semana y paralizaban el país. No sé a qué tiempos se refiere porque durante el franquismo las huelgas estaban prohibidísimas, pero razón no le falta. Total, que terminé pensando en los dos cientos años de revolución industrial y reivindicaciones obreras, y yo, con esto y los programas de animales abandonados, qué quieren que les diga, me pongo sentimental. Y aunque sólo sea por fastidiar a unas cuantas mentes preclaras como la citada, yo, hoy, haré huelga. Porque mi deseo de volver al siglo XIX tiene que ver con la moda y el decoro, y no con las leyes laborales.  
Y si con esto no les basta, también pueden echarle un ojo a la portada de la Razón


26 marzo, 2012

Proper literature

Tengo pendiente un montón sustancioso de trabajos por corregir de mis alumnos, escribir una comunicación, dos capítulos de libro y para variar intentar cerrar una parte de la tesis en la que debería ilustrar al mundo sobre cómo la literatura española de fin de siglo está llena de enfermos y enfermas (sí, aquí conviene hace distinción de género) orgullosos de serlo. 
¿Y qué estoy haciendo? Colgando imágenes en el blog que ilustran mi ya comentada aversión hacia el culofinismo de la alta cultura literaria. A ver si por milagro divino algún estudiante mío lo ve, se ilumina, y deja de ponerme chorradas en los trabajos. 

23 marzo, 2012

Auca de la tisis

A mí en el colegio, además de enseñarme las comarcas catalanas, els rius de Catalunya y a hacer castells humanos en clase de educación física, me dijeron que las aucas era una tradición molt nostra. Que una especie de cómic en verso cutre se configure en tradición nacional a mí no me genera el mismo orgullo que por el ejemplo el pan con tomate, pero qué le vamos a hacer, nosotros somos así, muy franceses acomplejados, con un chovinismo particular. Sin embargo, mi total desprecio por las aucas como expresión artística catalana se ha visto alterada al encontrarme esta maravilla (clicar en la imagen para ampliar):


Quitando que últimamente tengo un morboso interés en la historia de la tuberculosis, que en realidad es muy poco morbosa y muy divertida, el auca no tiene desperdicio ninguno, y merecía ser compartida con el universo como muestra impagable de la relaciones entre enfermedad y publicidad, o de la conversión de una patología en un icono cultural. Entre otras cuestiones que, de contarlas, les aburrirían profundamente. 

PS.: sé qué últimamente tiro demasiado de imágenes para actualizar el blog. Todos sabemos que en el fondo son más divertidas que mis sabias palabras.

24 febrero, 2012

Canción tocológica


Mientras me devano los sesos con una propuesta para ir aquí, me he encontrado en las polvorientas carpetas de mi disco duro lo que les muestro. Una chifladura decimonónica de alto copete que merecería -y aprovecho el blog para hacer una petición oficial- ser versionada por algún grupo punki que grite mucho. Hale, y después de esto, sigo exprimiendo neuronas pensando en mujeres enfermas de hace cien años. A veces creo que debería salir más.


Nota: esta locura pertenece a una de las tres novelas científicas del insigne Dr. Joan Giné i Partagàs (1836-1903). El problema es que no recuerdo cuál, pero estoy segura que nadie perderá el sueño por ello.

04 enero, 2012

Cthullu, la mala vida y 1912

 Estaba yo empezando el año en la Biblioteca de Catalunya husmeando manuales criminológicos (cada cual empieza el año como le da gana) y me encontré con esto.


Se trata de un estudio de 1912 sobre los vicios que corroían los bajos fondos de Barcelona, centrado, básicamente, en la criminalidad y el mariconeo vario. ¿Y qué me encuentro en la portada? Lo que parece ser un pulpo gigante arrastrando a missérrimos individuos al pantano de la mala vida con sus tentáculos, con (según mi Guía Espiritual) Montjuic al fondo. Y eso unos cuantos años antes que el señor Lovecraft publicara sus cosas sobre pulpos gigantes. Porque aunque el susodicho Lovecraft me importe más bien un bledo, una ha compartido (y cantado en el despacho de la facultad) momentos como este. Y si hay algo más friki que Cthulhu, es el encontrártelo en una portada de un manual de aberraciones sexuales. Como siempre, los finiseculares siempre por delante.