18 noviembre, 2009

Regresos



Ya regresé. En breve adopto de nuevo mi tono científico desapasionado, pero me dejan curarme primero de las nostalgias.

08 noviembre, 2009

La maleta - Ana Prada


Se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo
ahí tiene que entrar toda su vida
pero ella aun no encuentra de qué modo

va plegando camisas y recuerdos
coloca entre los sueños sus zapatos
dobla el abrigo sobre los afectos
y no quiere que quepan los retratos

y el cielo está tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas

que difícil va a ser la despedida
reconstruir a solas su maleta
tras este salto seguirá su vida
como le sigue el hilo a la cometa

repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta

y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas

se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo

repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta

dejando fuera el mundo conocido
con gesto inexorable, con mano de firmeza

y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas


Las imágenes son del gran Chema Madoz. Pueden ver el poema interpretado por Ana Prada aquí.

05 noviembre, 2009

Mitomanías

México es una gran país para la mitomanía: desde que convirtieron a Frida Kahlo en una marca registrada una puede dar rienda suelta a todo tipo de arrebatos místicos en ese país. Y comprarse un posavasos con la pinturas de Diego Rivero y Frida Kahlo reproducidas cual moderna serigrafía warholiana. Importa poco si es un mural socialista o una imagen de la Virgen de Guadalupe, madre de América y equivalente icónico a Mickey Mouse en versión mexicana. Y aquí a servidora, como a Emma Bovary, le interesan sólo los sentidos en función de las formas. En realidad, las infinitas reproducciones de la Virgen de Guadalupe también son muy warholianas. La serigrafía no la inventó una persona, sino un mercado.

Obvio está en que luego cada cual se genera su propia constelación bizarra en la que Lupita convive sin conflictos al lado de Frida o Emilia Pardo Bazán. Dentro de esa genealogía personal que tiendo a construirme hay una figura que los conocedores de mis tendencias e intereses burgueses no se creerían a la primera: León Davidovich Bronstein, más conocido por León Trotsky. Todos tenemos un pasado revolucionario. O en mi caso unos padres de confusas tendencias socialistas y antisoviéticas. Para los legos en la materia diré que León Trotsky fue un comandante del ejército rojo durante la Revolución Rusa de 1917, sucesor inicial de Lenin a quien sus críticas hacia el régimen estalinista le valieron el exilio y posterior asesinato en México a manos de un sicario soviético (y catalán por más señas). En mi casa de Trotsky siempre se habló como un abuelo lejano, como ese personaje que mantuvo las raíces del socialismo sin venderse a la burocracia de la URRSS. Lo dicho, justo a la izquierda de la Virgen de Guadalupe.
La cuestión es que, obviamente, yo no podía irme de México sin darme un paseo por la casa museo en la que vivió el ruso: el lugar tiene esa mezcla de ironía, tragedia y genealogía personal en la que me siento tan cómoda. En primer lugar, cuando yo fui estaba desierto: apenas atendido por un matrimonio que no sabía muy bien que hacía yo allí, fue agradable pasear sola por la casa y tomar las fotos que se me antojaron, después de llevar dos semanas paseando por museos en los que prohibían flashes y era sistemáticamente perseguida por vigilantes aburridos y paranoicos. Como estaba sola casi sin darme cuenta terminé silbando la internacional mientras pasaba la mano por los agujeros de bala que había en la pared, fruto del primer atentado que sufrió la familia. Comandado, por cierto, por el pintor mexicano Diego Alfaro Siqueiros, que aquí ocupa el panteón nacional al lado de Diego Rivera. Insisto en el matiz de tragedia irónica: en ese atentado se metieron varios hombres en la casa armados hasta los dientes y empezaron a disparar a todo lo que se movía. Trostky y su mujer sobrevivieron situándose en el único ángulo de la habitación, entre la cama y la pared, al que no llegaban las balas. Apenas unos meses después, a Trostky lo asesina de forma chapucera un tipo que se había ganado la confianza de la familia, clavándole un piolet en la cabeza mientras le mostraba unos manuscritos en su estudio. Con el relato histórico detrás, toda la casa toma un aire de absurdo extraño: la casa de los guardas, las puertas blindadas, la torre de vigilancia, las ventanas tapiadas... y las cenizas de Trostky en un mausoleo en el jardín. El edificio es un monumento al pesimismo, de un desencanto que luego pillaría desprevenida a la izquierda tras la caída del muro de Berlín. Como si todo la casa estuviera gritando un idealismo enterrado, literalmente, allí mismo.


Disfrutando de la ausencia de vigilancia, me senté en el jardín, sorprendentemente bien cuidado, y me fumé un cigarro mientras contemplaba las ruinas de una juventud que no era la mía. No pude evitar la tentación de saludar a León Davidovich Bronstein de parte de mis padres.


Imágenes
Fig. 1: la puerta de la casa museo
Fig. 2: El mausoleo en el jardín de la casa, debajo del cual están las cenizas de León Trotsky y su mujer
Fig. 3: las puertas blindadas de la habitación de León Trotsky y los agujeros de bala en la pared
Fig. 4: placa del mausoleo

27 octubre, 2009

Diccionario de supervivencia mexicano


Tráfico: atasco

Señales de tráfico: sugerencias

Horario: cualquier hora del día

Taxista: secuestrador potencial

Autobús: camioneta que milagrosamente se mantiene en pie, también llamado "pesero", que funciona a través de una serie de leyes no escritas e imposibles de descifrar

Parada de autobús: cualquier lugar

Ahorita: véase "horario"

Tantito: mucho

Policía: véase "taxista" con derecho a soborno y más peligroso

Turista: euros/dólares andantes

Dueño de la calle: mafioso que te jode el coche si no le das una propina

Propina: estafa

Mordida: soborno, véase también "propina"

Virgen de Guadalupe: Dios, Jesucristo, Disneylandia católico, madre de América. No se debe nombrar con desprecio si uno no quiere convertirse en una diana con patas.

No pica apenas: tendrás el infierno ardiendo en tu boca

Luego: ahora (no confundir con "ahorita")

Cerca: 30 kilómetros o más

Ancestros prehispánicos: aborígenes de los que nadie desciende pero de los que todos los mexicanos con orígenes europeos se declaran descendientes. También denominados "aztecas".

Españoles: también llamados gachupines. Que tu abuelo sea de Cáceres es algo irrelevante para odiarlos porque "nos conquistaron". Véase también "ancestros prehispánicos"

Frida Kahlo: marca publicitarian de tequila, imagen de bolsos, pins, posavasos y todo el merchandising imaginable. Parece que en su día fue pintora.

20 octubre, 2009

El DF y la neurosis


Casi un año obsesionada con la histeria y las distintas enfermedades mentales que pueblan las intricadas mentes decimonónicas y yo sin darme cuenta que aquí al lado, en el mismo año 2009, tenía a unas cuantas horas de avión la ciudad más neurótica del mundo. Según la RAE, la neurosis es una enfermedad nerviosa caracterizada por la inestabilidad emocional. Multipliquen esto por diez y ahí les queda un retrato perfecto del DF. Mi estudio clínico, realizado exhaustivamente a lo largo de los cinco días que llevo aquí, revela unos síntomas inequívocos.
En primer lugar, conviene destacar la falta de neurosis de los defeños. Este hecho, que en principio conduciría a pensar en una hipótesis contraria a la que planteo, resulta especialmente chocante cuando veinte millones de habitantes se mueven con una calma proporcionalmente inversa a la cantidad de gente en la que se hallan inmersa. Caso práctico: domingo en el metro. Una inocente europea mexicanizada y una mexicana europeizada andan por sus pasillos con sensación de desconcierto. Algo falla y no sabemos el qué. De repente, iluminación: nosotras andamos al ritmo del metro barcelonés (que huele igual de mal que éste, por cierto), el resto caminan como si pasearan por los Campos Elíseos. Resultado: inicio del proceso de extrañamiento.
El segundo síntoma tiene relación directa con los tópicos que circulan sobre la inseguridad ciudadana. El extranjero recibe instrucciones básicas al llegar a la ciudad: guardar el dinero en los bolsillos, no bajar las ventanillas del coche, agarrar bien el bolso. Nada que no sirva también para el Raval de Barcelona a según qué horas. No obstante, como el extranjero llega con complejo de turista unido al complejo de culpabilidad española por la conquista de América, termina acentuando demasiado ciertas obsesiones que de no controlar, preferentemente con alcohol, pueden derivar en paranoia europea alucinatoria.
El tercer síntoma hace referencia a una climatología incomprensible incluso para los propios habitantes del DF. De nuevo remito a la falta de neurosis de los mismos: los naturales del lugar han optado por no intententar descifrar el clima y se limitan a soportarlo. El europeo, con los restos de su lógica de la razón heredadas de la Revolución Francesa, cree ingenuamente poder comprenderlo. El resultado es pasar un frío de muerte o un calor horrible o terminar cargando varias chaquetas "por si acaso". Todo eso en un mismo eje espacio-tiempo. A esta impredicibilidad se le suma la contaminación propia del lugar: no son nubes, es polución. Resultado: principio serio de histeria.
Cuarto síntoma (que no último). Éste es especialmente definitivo: la ciudad de DF literalmente se está hundiendo sobre el suelo fangoso que antes ocupaban los lagos de Tenochtitlán. Por decirlo de forma coloquial, se trata de una ciudad que se está yendo al carajo desde hace años. Eso altera las nociones básicas de perspectiva y ángulos rectos en algunas zonas. El visitante se da cuenta de que, de repente, la calle está torcida y los edificios también. El concepto de línea recta deviene una noción imaginaria y es necesario desarrollar otro sentido del espacio. Resultado: neurosis definitiva.
Y como a estas alturas ya no es cuestión avergonzarse de los delirios mentales de cada cual, hagamos gala de nuestras histerias recién adquiridas convirtiéndolas en himno de la mano de Liliana Felipe.


29 septiembre, 2009

La gran evasión

"Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión."

Le robo la frase a la srta. Tergiversanda y a Saint-Exupéry, con un matiz: deberíamos hablar de migración de pájaras, y ellas no tienen nada de silvetres, al contrario, están más que civilizadas. La evasión está planeada para la siguiente semana, momento en el que servidora se subirá a un avión y recorrerá 10.000 kilómetros para ir a un congreso a México a contarles las maravillas del cuerpo en la literatura española del siglo XIX. Obviamente, lo del congreso es una excusa que además me ilumina con un aura académica y pedante para ocultar los pedestres motivos que me llevan a cruzar un oceáno: beber tequila. Y visitar a las susodichas pájaras.
Y es que cuando una se ha pasado un año de máster rodeada de aztecas sin hígado y estudiando el siglo pasado, en la vida quedan muy pocas opciones. Y Barbey d'Aurevilly se equivocó al afirmar que a veces hay que elegir entre la pistola y la cruz. En mi caso la culminación lógica era cruzar un oceáno o comprarme un corsé. Y siempre tengo tendencia a empezar por lo más difícil.
De momento, procuro retener lo aprendido en los últimos meses entre vapores alcohólicos en el bar de la estación y el Gato Negro. Sutiles expresiones como "no mames", "chinga su madre" o "pinche pendejo" que demuestran la riqueza cultural de un país con más insultos que el castizo castellano peninsular. De momento y a base de práctica casi forzosa durante este año, sé que los aztecas llaman "chelas" a la cerveza, por lo que, dominando esa palabra clave, vislumbro un horizonte alagüeño: congreso, alcohol, tacos, momias y gripe A. Todo con un punto de exotismo y la posibilidad de que te encañonen para quitarte la cartera en cualquier punto del DF. Según el Ministerio de Exteriores no hay ningún lugar seguro en todo México, afirmación que indigna al sector azteca de los Macumbos, asusta a mi madre y me hace plantear la posibilidad de tragarme el dinero y alojarlo en la seguridad de mi intestino delgado. No obstante, la chilanga con la que voy a pasar los próximos veinte días me asegura que en México las cosas están cambiando, que el otro día les paró un policía y no tuvo que sobornarlo. Y me lo dice desde la cama en la que ha pasado la última semana con gripe A. Me deja mucho más tranquila.
Histerias aparte, les dejo con un patrimonio nacional (que como todo icono mexicano en realidad nació en otro país). Me hacen el favor de brindar por Chavela Vargas, puesto que inexplicablemente la ley no obliga a ello.


30 agosto, 2009

Y en la medianoche del sexto día, ella dijo "ábrase la botella". Y así se hizo.

"Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, uno ve las cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal y como son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir" (Oscar Wilde)

Llegó el día anunciado, la culminación de todo un año insistiendo que en el siglo XIX ya lo habían inventado todo, fiestas incluidas. Después de una semana de esfuerzo a la búsqueda infatigable del atuendo adecuado, de terminar metiendo el arroz en una picadora para hacer polvos y de enfrentarme por primera vez a un invento de Satanás como son los rizadores del pelo, saqué las mejores galas del armario y me propuse hacer la mejor performance decimonónica del siglo XXI. Ya que los asistentes a tan magno evento también están muy interesados en performatividades varias, debo decir que la etiqueta se siguió, en casi todos los casos, rigurosamente. Madame Vernona ejerció de anfitriona prostibularia envuelta en tules, perlas y plumas. Rosalía de Bringas se limitó a vestirse de ella misma. Y qué decir de Lady Bergman, reconvertida en un joven y atractivo dandy del siglo pasado. Claro que nada hubiera sido igual sin la llegada de nuestra Guía Espiritual, única dama en este mundo capaz de llevar guantes en agosto por puro decoro, que llevó a confirmar la idea de que este tipo de fiestas de guardar hay que hacerlas en invierno. La expectación se cernía en torno a una -aparentemente inofensiva- botella...

Como era de esperar, nada de lo que lleve la Guía Espiritual metido en su bolso puede ser inofensivo, y una botella de la mejor absenta del mercado es una de las armas más peligrosas que existen. Con una concentración digna del momento, nuestra querida corruptora procedió con los rituales pertinentes a iniciarnos en arte tan sutil como el de preparar una copa de absenta como manda la tradición. Aprovecho para pedir perdón a mi señora maestra por dejarle el quemador ennegrecido de azúcar chamuscada. El camino del discípulo siempre es arduo y complicado. Aunque reconozcamos que ese fuego tiene algo hipnótico que hace que se olvide que la jarra de agua que hay al lado sirve para algo.


A partir de aquí, logramos resucitar el exquisito cadáver de la señorita Ten Brinken, que cayó en la tentación de servirse una copa de tan espirituosa bebida. Y una segunda que servidora tuvo el honor de prepararle. Destapada la caja de Pandora (o en este caso botella de absenta), la cosa resulta algo confusa de explicar, porque de repente eran las 8 de la mañana y en la calle había luz. Podemos destacar que entre las 12 de la noche y las 8 de la mañana Lady Bergman Reconvertida en Atractivo Jovencito hizo méritos para ganar el título de prerrafaelita del grupo por su inevitable tendencia a quedarse dormida en fiestas de todo pelaje. Por su parte, el Macho Ibérico Alternativo demostró su hombría -puesta en duda después de ciertas fotos envuelto en boas de plumas- saliendo junto al Señor Alterno a la caza y captura de cerveza y tabaco, acto heroico que le valió una palmadita en la espalda por parte de Ten Brinken y servidora. Finalmente, debo añadir que la tormenta que cayó en algún momento de la noche era un prueba más de que ayer los dioses estaban de nuestra parte, afirmación que se corrobora con mi sorprendente ausencia de dolor de cabeza. No obstante, dado que la semana que termina ha sido turbulenta en lo que a eventos festivos se refiere, debo retirarme por el momento de tales excesos y volver a recogerme en una biblioteca a partir de mañana, no sin antes agradecer a todos los asistentes de la noche su decoro y buen hacer. Benditos sean.


29 agosto, 2009

Today is the day

Hoy sacamos nuestros tirabuzones del armario, orgullo decimonónico. Maquillaje, artificialidad y absenta a partir de las diez de la noche. Fiesta del XIX en casa de Madame Vernona.

14 agosto, 2009

Degas, Facebook y excusas variopintas para escribir una entrada

En los ratos muertos que paso boicoteando al capitalismo (véase post anterior) tengo tiempo de sobra ya no sólo para escribir ponencias, sino para pasar de ellas y dedicarme a mi otra pasión oculta: hacer tests en Facebook. Que como pasatiempo sea algo estúpido es algo innegable, pero nadie dijo que acabar con todo un sistema bancario desde una centralita de teléfonos fuese sencillo. La cuestión es que hoy he dado con un test que, rompiendo con la tónica general, no era vomitivo. La cosa iba sobre identificarse con una pintura del XIX (esta vez he tardado medio párrafo en mencionar el siècle, voy mejorando) y me ha salido el insigne Edgar Degas. Me encanta la frase de "ta situation d’exception n’échappe pas aux critiques, souvent déstabilisées par ton avant-gardisme", que resume mi último año peleándome con una crítica más galdosista que el propio Galdós, a los cuales se les erizan los pelos cuando oyen cualquier palabra que no sea la suya o la de sus aguerridos discípulos. El tema es que, junto los tests de Facebook, la historia del arte es algo que me apasiona en la misma medida que desconozco. Así que he empezado a husmear por Google a ver qué encontraba. Una cosa está clara: Degas pintó bailarinas.

Y luego pintó más bailarinas.

Y luego hizo una escultura de una bailarina, pero a esas alturas ya me había cansado de ellas. Harta de tutús y lánguidas danzantes, me he ido a la Wikipedia (quién diga que nunca la mira miente como un bellaco) a por más información, que, igual que con el comentario virgiliano de infausta memoria, me ha iluminado algo. Información esencial: Degas abandona los paisajes naturales y se centra en espacios artificiales y urbanos, algo que, de entrada, ya se gana mis simpatías. Luego he descubierto, corroborando mis tesis sobre la mirada fascinada de todos los artistas del XIX, que también pintaba desnudos.

Aich, el cuerpo, el cuerpo femenino está por todas partes en todos los discursos de todas las artes decimonónicas. Pero los desnudos femeninos también están muy manidos, y que Degas fuese un pervertido no lo diferencia mucho del resto de sus correligionarios/as. Finalmente, y aunque he tardado un buen rato, he descubierto por fin unas cuantas pinturas de esas que me inspiran ganas de atravesar el lienzo y sacar el corsé y el abanico que llevo dentro. Voilà...

Ahí estoy yo, harta de tanta pardala con tutú, reclinada en una silla de madera, abstraída en la lectura como toda decimonónica que se precie. Que los cuadros en los que aparecen lectoras me vuelven loca no es ninguna novedad. Que la novela del siglo está llena de lectoras voraces que se vuelven locas tampoco. Basta con verme a mí, aunque tenga la pretensión de llamar algún día a esa locura "tesis doctoral". Si Lombroso me pillara por banda me mandaba directa a La Salpetrière. Claro que, obviamente, servidora no sólo vive de literatura y bibliotecas. La vida de bar es inherente a todo estudiante de letras que aspire a ser investigador. Más que nada porque no caer en el alcoholismo es difícil, tal y como está el patio académico. Ahí la tienen, meditando sobre no se sabe qué, sin esperar nada, con una copa de absenta delante:

Es una de las imágenes más deprimentes que he visto nunca, por lo que me resulta bastante inquietante mi identificación con ella. De todas formas, lo de transmutación en bebedora de absenta todavía está en un proceso que no culminará hasta finales de este mes. No digo más, pero hay una fiesta nónica de por medio que va a poner al gremio de los Macumba Studies mucho peor que a la señorita de arriba. Sólo falta una imagen que complete el dúo bares-literatura: el tocador. Se preguntarán, los que estén acostumbrados a mi estampa, qué interés puedo tener yo en tan insigne mueble. Básicamente, que es el centro de operaciones de cualquier artificialización decimonónica que se precie, que sobre los espejos y las burguesas hay mucho que decir y que nada me embelesa más que una dama mirándose a sí misma tan embelesada como yo la miro a ella.

Ya si eso otro día les cuento porque me interesa tanto la estética material del cuerpo ajeno y tan poco la del mío propio. En realidad es una cuestión de pereza: la estetización del cuerpo requiere de un ascetismo y una disciplina que yo no tengo. Y el poco que me queda lo dedico a los bares y las bibliotecas. Quién tuviera un tocador y todo el ocio burgués del mundo. Entonces podría dedicarme a cultivarme como dios manda ante un espejo. Mientras tanto, solo puedo conformarme con soltarle al mundo esa maravillosa frase que dijo Degas en su momento: "Il vous faut une vie naturelle ; à moi la vie factice".

08 agosto, 2009

Matar al ángel

Y a pesar de ciertas sospechas que rondan entre ciertas decimonónicas contemporáneas, resumidas en grandes pensamientos como el de "esto con la calceta no pasaba" y "me dan ganas de aprender a hacer macramé", así como perversos deseos expresados en el núcleo de los Macumba Studies acerca de querer emular a Clarice Lispector con un marido diplomático, y aunque en el fondo Sinués y la Grassi tienen cierta gracia, derivada del mérito que supone defender a la mujer como madre y esposa mientras una es escritora y no ha tocado jamás una aguja de coser, conviene, no obstante, recordar de vez en cuando a los clásicos. Y en estas cuestiones nadie como Virginia Woolf, que, con el permiso de Nicole Kidman, supo matar al ángel del hogar de forma sublime. La cita me la ha proporcionada mi hermana del alma, que sabe mucho de ángeles sin alas. Para releer cuando sientan terribles deseos de convertirse en un ángel del hogar, algo demasiado habitual cuando una pulula por los márgenes de la jungla académica.

Y cuando empecé a escribir, topé con ella justo con las primeras palabras.
La sombra de sus alas tapaba la página, yo oía el crujido de sus faldas en mi cuarto...
E hizo ella el ademán de querer guiarme la pluma...
Me abalancé contra ella y la agarré por el cuello. Intente
con todas mis fuerzas matarla .
Murió de mala gana. Su naturaleza ficticia le ayudaba mucho.
Es mucho más difícil matar a un fantasma que a la realidad.

Virginia Woolf, "Profesiones para mujeres" (1931)