Lean a la Butler y luego me lo cuentan.
14 julio, 2009
Femitic: concurso de vídeos hechos por mujeres
Lean a la Butler y luego me lo cuentan.
09 julio, 2009
Seamos degenerados: otro post decimonónico
En el mundo de la tiranía de las bífidus, el Omega 3 y alimentación crudivegana, la única posibilidad que queda para salvarnos está en la degeneración. Queridas, queridos: sean decadentes. Artificialicensé. El cuerpo natural es desagradable: basta imaginarme a mí misma recién levantada, sin depilar y sin peinar. Aunque a veces el cuerpo artificial también puede repugnar: estoy pensando en la heroína postmoderna de Youtube que partía sandías con sus pechos. Corrigo, artificialicensé, pero sólo si tienen buen gusto.
Imagen: una de las histéricas de la Iconographie photograhique de la Salpêtriere (1875), maravillosamente digitalizada en Jubilothèque y estupendo trasunto decimonónico de servidora pensando en algunos insignes académicos del departamento de Filología.
Nota: este post es una imitación descarada del superior estilo de la insigne Alraune Ten Brinken. También un homenaje, supongo. Léanla a ella e imploren a los infiernos que pueda regresar algún día a su bitácora.
17 junio, 2009
Barnanit

voy a amar tu geografía
-“una fea ciudad fabril””
la llamó su poeta, Joan Maragall-
la avenida que la atraviesa diagonalmente
como un río inacabable
las fachadas de los edificios llenos de humo
bajo los cuales
-palimpsestos-
se descubren dibujos antiguos
inscripciones romanas.
Creo que por amarte
voy a aprender la lengua nueva
esta lengua arcaica
donde otoño es femenino
-la tardor-
y el viento helado
tramonta la montaña.
Creo que por amarte
voy a balbucear los nombres
de tus antepasados
y cambiar un océano nervioso
y agitado -el Atlántico-
por un mar tan sereno
que parece muerto.
Creo que por amarte
intercambiaremos sílabas y palabras
como los fetiches de una religión
como las claves de un código secreto
y, feliz, por primera vez en la ciudad extraña
me dejaré guiar por sus pasajes
por sus arcos y volutas
como la viajera por la selva
en el medio del camino de nuestra vida.
Las ciudades sólo se conocen por amor
y las lenguas son todas amadas.
Cristina Peri Rossi
(Foto: Aitor Pérez)
12 junio, 2009
Hoy no escribo...
Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.
Luis García Montero, "Si alguna vez no hubieses existido", Diario cómplice, 1987
Iba a escribir algo, pero a veces es mejor acordarse de que siempre hay otros que escriben mejor.
(Imagen: Robert Doisneau)
14 mayo, 2009
Indolencia

(Imagen: Ramón Casas, Al·lota decadent, 1899)
30 abril, 2009
Indignada me hallo

2. En Sé lo que hicisteis han contratado a Paquirrín.
3. Mi vecina de arriba sigue con su fetichista e inexplicable obsesión por andar con tacones en casa.
¿A quién diablos le importa la peste porcina? Perra vida...
24 abril, 2009
La Rosa - Poema de Sant Jordi
Has fet parlar massa de tu, del teu perfum, de la teva beutat. No val la pena! Però que consti, des d'ara, que sempre el meu instint ha estat de fer-te malbé; que t'he esfullat, que t'he premut dins la mà fins a deixar-te sense respiració, que no t'he respectat amb aquella mena d'adoració estúpida amb què t'anomenen els altres, amb què parlen de tu uns quants poetes desgraciats que també has seduït. Ja ens coneixem! Conec bé els teus encisos, les teves arts, la teva perversitat, i no m'arreplegaràs! Tu ets una d'aquelles noies que tota la vida semblen dir-te sí, et donen esperances, van passant temps i et corben l'espinada inútilment. Conec la teva col.lecció de vestits esplendorosos, les teves faldilles innumerables: -però les cuixes, no les trobem mai. Ja n'hi ha prou, del teu imperi, de la teva tirania! M'avergoneix d'haver-se deixat, per un moment, endur per la música del teu rostre. Si et trobo un altre cop et masegaré, com quan era infant, et llençaré al toll i t'anomenaré pel teu nom veritable, perquè ets la puta rosa! Josep Palau i Fabre, Càncer
Traducción
Has hecho hablar demasiado de ti, de tu perfume, de tu belleza. ¡No vale la pena! Pero que conste, desde ahora, que mi instinto siempre ha sido el de romperte; que te he deshojado, que te he apretado en la mano hasta dejarte sin respiración, que no te he respetado con aquel tipo de adoración estúpida con la que te nombran otros, con la que hablan de ti unos cuantos poetas desgraciados que también has seducido. ¡Ya nos conocemos! Conozco bien tus encantos, tus artes, tu perversidad, y no me cogerás! Eres una de esas mujeres que parecen decirte siempre que sí, dándote esperanzas, para traicionarte inútilmente. Conozco tu colección de vestidos esplendorosos, tus faldas innumerables: aunque la piernas, nunca las encontramos. ¡Ya es suficiente de tu imperio, de tu tiranía! Me avegüenzo de haberme dejado llevar, durante un momento, por la música de tu rostro. Si te encuentro otra vez de destrozaré, como cuando era un niño, te tiraré a un charco y te llamaré por tu verdadero nombre, ¡por qué eres la puta rosa!
Perdón por la traducción. Es tarde y ha sido un Sant Jordi agotador, aunque muy productivo. Este poema será siempre para mi querida Fortu. Para ella lo encontré y para ella lo traducí, hace ya un par de años. Cómo pasa el tiempo.
22 abril, 2009
Sant Jordi, primer intento
Sí, ya sé que Sant Jordi es mañana. Pero en Sant Jordi nunca compro libros, a pesar de un tentador 10% de descuento. No me gustan las colas, ni las aglomeraciones, ni los libros de Ruiz Zafón. Pero sí me gusta Sant Jordi. Para un filólogo el día del libro viene a ser como la semana santa para un católico sevillano. Una excusa para no trabajar, salir a la calle, gastar dinero y terminar en un bar. Y tengo la manía de regalar libros. Para qué negarlo, saber de literatura implica tener idea de qué regalarle a quién. Cosa que a veces no ocurre al contrario, especialmente a la hora de regalarme libros que ya tengo. No obstante, nunca se ha dado la desgracia de que alguien me regale El Código da Vinci. Desgracia, sobre todo, para el inocente que osara tal empresa, que iba a terminar comiéndose todas las rosas de las Ramblas, una a una y con espinas.Después de mi sesión de subida de autoestima en la que me he demostrado que sé más de literatura que los libreros de mi pueblo, ha venido la parte de la locura crematística. Tengo un problema: por cada libro que le compro a alguien, encuentro diez que me gustan a mí. El problema es que nadie adivina nunca qué libros realmente me apetece leer o necesito -aunque siempre termine recibiendo regalos interesantes- así que al final termino comprándomelos yo. Hoy me he emocionado ante el estante de Foucault. No ha sido tanto por libros como por la mera existencia del estante. Este máster me arrastrará a la locura, lo veo.
Mañana, segunda parte: ya que estaremos en Sant Jordi, el mejor poema que se ha escrito nunca sobre una rosa. Lo sé, como técnica para crear suspense no vale mucho.
12 abril, 2009
La Semana Santa ya no es lo que era... (II)
Releo una y otra vez el post anterior. Seguramente, la descripción de la procesión más erótica de la literatura española. También comprendo que a alguien el fragmento le haya parecido un horror. A mí tambien me parecieron horribles las 1.200 páginas de La Regenta la primera vez que la leí, redimidas al año seguiente por Nuestra Señora de la UAB (acá, Montse Amores) y sus dramatizaciones maravillosas. Imaginaos a servidora y a Rosalía de Bringas extasiadas en clase, con un brillo extraño en la mirada, oyendo leer el fragmento en que Ana Ozores se siente como el puro mojado y consumido de su marido, transmutadas en las damas decimonónicas de provincias que siempre hemos sido. Qué momento.(Foto: Aitor Pérez. Yo misma, ocultándome con una reproducción de la primera edición de La Regenta, en el Café La Regenta en Salamanca)
08 abril, 2009
La Semana Santa ya no es lo que era...
Como una ola de admiración precedía al fúnebre cortejo; antes de llegar la procesión a una calle, ya se sabía en ella, por las apretadas filas de las aceras, por la muchedumbre asomada a ventanas y balcones que «la Regenta venía guapísima, pálida, como la Virgen a cuyos pies caminaba». No se hablaba de otra cosa, no se pensaba en otra cosa. Cristo tendido en su lecho, bajo cristales, su Madre de negro, atravesada por siete espadas, que venía detrás, no merecían la atención del pueblo devoto; se esperaba a la Regenta, se la devoraba con los ojos... En frente del Casino, en los balcones de la Real Audiencia, otro palacio churrigueresco de piedra obscura, estaban, detrás de colgaduras carmesí y oro, la gobernadora civil, la militar, la presidenta, la Marquesa, Visitación, Obdulia, las del barón y otras muchas damas de la llamada aristocracia por la humilde y envidiosa clase media. Obdulia estaba pálida de emoción. Se moría de envidia. «¡El pueblo entero pendiente de los pasos, de los movimientos, del traje de Ana, de su color, de sus gestos!... ¡Y venía descalza! ¡Los pies blanquísimos, desnudos, admirados y compadecidos por multitud inmensa!». Esto era para la de Fandiño el bello ideal de la coquetería. Jamás sus desnudos hombros, sus brazos de marfil sirviendo de fondo a negro encaje bordado y bien ceñido; jamás su espalda de curvas vertiginosas, su pecho alto y fornido, y exuberante y tentador, habían atraído así, ni con cien leguas, la atención y la admiración de un pueblo entero, por más que los luciera en bailes, teatros, paseos y también procesiones... ¡Toda aquella carne blanca, dura, turgente, significativa, principal, era menos por razón de las circunstancias, que dos pies descalzos que apenas se podían entrever de vez en cuando debajo del terciopelo morado de la nazarena! «Y era natural; todo Vetusta, seguía pensando Obdulia, tiene ahora entre ceja y ceja esos pies descalzos, ¿por qué? porque hay un cachet distinguidísimo en el modo de la exhibición, porque... esto es cuestión de escenario». «¿Cuándo llegará?» preguntaba la viuda, lamiéndose los labios, invadida de una envidia admiradora, y sintiendo extraños dejos de una especie de lujuria bestial, disparatada, inexplicable por lo absurda. Sentía Obdulia en aquel momento así... un deseo vago... de... de... ser hombre.Leopoldo Alas, "Clarín", La Regenta, vol. 2
(Foto: Aitor Pérez)
