19 enero, 2010

Cadáveres exquisitos

"What a magnificent body! Shouldn't I like to see it on the dissecting-table!" (Turgenev, Padres y hijos)


Me temo que los consejos espirituales sobre investigación que recibo últimamente, y cuya máxima se resume en la metodología de la lectura a cascoporro, me están llevando por un camino extraño. Ya sé, que prometí hablar de mi querida Augustine en el próximo post, pero una nueva obsesión se ha erigido en el horizonte y tengo que saciarla de alguna manera: las imágenes de disecciones anatómicas en el siglo XIX. Como tema de obsesión yo sé que suena raro, por no decir inquietante. Peores miradas me echa la tipa de la biblioteca cuando le doy las listas de libros del fondo antiguo para pedir al almacén. La cuestión es que en el siglo pasadomuestran un interés mucho más preocupante que el mío por representar a los forenses en plena faena, desmontando, observando, fijando y -por qué no- generando toda una legión de cuerpos femeninos. Y es que el arte del despiece de cadáveres es algo que ha funcionado desde siempre, aunque con distintos matices. Quizá las imágenes más famosas son las del siglo XVI, sobre todo las de los tratados anatómicos de Vesalio. Sin embargo, mi odio ancestral a los renacentistas, a pesar de lo maravillosa de puede llegar a ser De humani corporis fabrica, me obliga a saltar a imágenes mucho más morbosas, perversas e inquietantes. Resulta que la representación del cuerpo femenino en plena disección es un tema histórico específicamente decimonónico. Al igual que en la novela y en los tratados médicos, la ciencia permea cualquier producto cultural y configura una mirada obsesionado con el cuerpo femenino. Si la mujer representa por excelencia la naturaleza, lo atávico y el estado más puro de primitivismo, la medicina se empeñará en escrutar ese misterio orgánico hasta límites inimaginables.
La ciencia decimonónica (y la ciencia a secas, sólo que como nadie duda tan a menudo de su utilidad autorreflexionan menos que las letras) se caracteriza por una serie de metáforas de género bastante obvias. La mirada del venerable forense es, a todas luces, cualquier cosa menos inocente. Las fantasías del discurso masculino se congregan en una serie de cadáveres femeninos extremadamente bellos. Por un lado, el escrutinio del cuerpo en nombre de la ciencia, la obsesión por desvelar una naturaleza femenina codificada como una diferencia irreductible. Por otro, una mirada sexualizada. El deseo siempre tiene género, por más que mi querida Lady Bergman se empeñe en decir lo contrario. Y el deseo en este caso se convierte en un dispositivo de poder sobre el cuerpo femenino. Sexualidad y medicina van de la mano y corroboran mi teoría , mencionada a menudo, de que en el siglo pasado eran todos una panda de depravados.

Con una puesta en escena similar a las exhibiciones de la histeria, en la imagen superior ni siquiera vemos un rostro más o menos bello. Vemos un pecho impúdico que basta para hacer alusión al género femenino, rodeado de miradas que son de todo menos científicas. O quizá, precisamente, son totalmente científicas. Y no mientan, nosotros nos convertismos en cómplices de esa mirada que disciplina en la misma medida que desea. La Mulvey diría que ahora mismo estoy haciendo gala de una mirada transvestida al afirmar que -no me lo nieguen- esos cadáveres son bellos, divinos y exquisitos. Y que la abuelita Ofelia de los prerrafaelitas se queda un tanto descafeínada al compararla con mis damas naturalistas.


Sin embargo, mi cadáver favorito pertenece, por raro que parezca, a un español. Enrique Simonet (1866-1927) pintó un cuadro cuya mala leche sólo ha sido emulada cien años después por los guionistas de Nip/Tuck. Sé que tiendo a hacer asociaciones extrañas pero es que ésta está justificadísima. La imagen se llama Anatomía del corazón, pero por una suerte de confabulación extraña aparece en casi todos los catálogos con el título de ¡Y tenía corazón!, juzguen ustedes mismos por qué...


Lo que decía, una sublime mala leche: si no entiendes el alma de una mujer, disecciona su corazón. La imagen tiene tantas lecturas que hasta marea. Por un lado, se suele leer como un aviso moral a las mujeres de vida disipada: por mucha belleza y éxito que tengáis acabaréis siendo carne de ciencia, os guste o no. Aunque hay otras lecturas que a mí me resultan mucho más divertidas. No me dirán que no es inevitable pensar en perversiones necrofílicas por muy seria que sea la cara del señor médico. Si me pongo en plan foucaltiana, obvio que aquí tenemos a la mirada clínica en todo su esplendor ejerciendo el poder y el control sobre un cuerpo femenino que aparece silenciado y disciplinado. Por otro lado, es evidente que estos cadáveres son un campo de estudio de los más interesante para los estudios de género. Más allá del poder que ejerce una racionalidad marcada en masculino con los cuerpos sexuados en femenino a mí me interesa más el hecho de cómo un cuerpo femenino se convierte en un espacio para el espectáculo. Eso está clarísimo en el cuerpo histérico y en muchos personajes literarios pero... ¿qué hay de los cadáveres? ¿No son cuerpos demasiado parecidos a la enferma o a la automáta? ¿No terminan ostentando una centralidad, generando un deseo que, cuanto menos resulta amenazador? ¿Se levantarán algún día y les devorarán los sesos a los venerables forenses? Preguntas, demasiadas preguntas...

Y el que quiera hacerme feliz y ganarse mi amor eterno puede regalarme esto. Amazon siempre termina sorprendiendo.

13 enero, 2010

Of course I am an hysterical


Llamadme Augustine y deseadme suerte en el star system frenopático, AGAUR mediante. Próxima entrega de las locas de la historia sobre las estrellas de la Salpetrière: Augustine, o como convertirse en la celebrity del manicomio.

Si no me han encerrado antes.

(Imagen: Iconographie photographique de la Salpêtrière, 1878)

10 enero, 2010

Locas de la historia que nunca seré, pero como las que podría terminar: Carlota de Habsburgo

Bien saben los que me conocen que nunca he sido dada a devociones monárquicas, mostrando más bien un ramalazo republicano con preocupante tendencia hacia el uso de la guillotina. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de una emperatriz fallida que terminó viuda y loca de castillo en castillo por la decadente Europa de finales del XIX y principios del XX. La locura femenina siempre ha sido muy interesante, todavía más si la situamos en una aristócrata decimonónica, educada en los principios del liberalismo europeo, que termina convertida en emperatriz de México por motivos tan variopintos como los intereses de Napoleón III, las peticiones de las facciones conservadores del país y la propia ambición de poder. Un ejemplo perfecto, tanto del mito exotista en el que Latinoamérica es el lugar al que los europeos vamos a perder la cordura, como del maravilloso mundo de la psiquiatría decimonónica, que construye la idea de locura en torno a la metáfora de género.
Pero volvamos a mi querida Carlota: casada con Maximiliano de Habsburgo y enemiga de la petarda de la Emperatriz Elisabeth -Sissí- en la corte de Viena, en 1864 la pareja viaja a México para ser coronados emperadores del país. Obviamente y conociendo el carácter de los aztecas, a éstos no les hizo mucha gracia que les colocaran a un archiduque austríaco por governante. La pareja se instaló en el Castillo de Chapultepec, en el DF, que a día de hoy permanece en pie y bien cuidado. Y como nunca he pensado que mi espíritu republicano tenga que estar en contradicción con las carrozas de oro, la Macumba Mayor y yo fuimos a visitarlo en mis días mexicanos.


El castillo, invadido por turistas de todo pelaje entre los que me encontraba, tenía la gracia de conservar las dependencias reales con cierto estilo. Después de pasearnos arriba y abajo husmeando salones barrocos, mi anfitriona y yo llegamos a varias conclusiones tajantes, que podrían resumirse en el hecho de que habíamos nacido para ser emperatrices. Sin embargo, mi amada Macumba me dijo que quizá Carlota de Habsburgo no era un modelo a seguir, ya que terminó demente. Sin embargo, ese dato fue lo que me convenció de forma definitiva: el personaje emperatriz-loca es mi aspiración de vida. De castillo recuerdo bien el suelo de mármol al estilo Alicia-en-el-país-de-las-maravillas, que fue decidido unánimemente para decorar nuestras futuras mansiones, así como la carroza de paseo, que hizo exclamar a mi compañera el significativo a la par que elocuente grito de "¡Yo la quiero!".




Volvamos, no obstante, a Carlota de Habsburgo. Mientras Benito Juárez pone al emperador contra las cuerdas, Carlota decide regresar a Europa a pedir ayuda a la rancia aristocracia del viejo continente. Aquí es donde parece empezar la locura de la emperatriz, fomentada por las promesas vanas y los oídos sordos que recibe de líderes como Napoleón III o el Papa Pío IX. En 1867, con Carlota todavía en Europa, el emperador Maximiliano es fusilado en México. A partir de este momento la locura de la viuda parece agravarse hasta su muerte en 1927. Por lo visto andaba por ahí convencida de que seguía siendo emperatriz de México y de que Maximiliano no había muerto (extraña locura, dada la ausencia de vida sexual de la pareja desde 1860. O quizá debido a ello). Su hermano el Conde de Flandes la tenía rodeada de médicos que declararon que estaba como una cabra. Conociendo a los psiquiatras de la época, mataría por leer esos informes. Durante los sesenta años de locura estuvo alojada en tres castillos distintos, el primero en Trieste y los otros dos en Bélgica. Que digo yo, que sesenta años de locura son muchos años, y pasarlos encerrada en palacios aristocráticos con todos los lujos del mundo quizá no está tan mal. Por ello, declaro mi aspiración a convertirme en emperatriz que luego termine histérica vagando su locura por los palacios que hagan falta. Teniendo en cuenta las situaciones kafkianas a las que me ha sometido el AGAUR últimamente, no será difícil llegar a un esplendoroso ataque de histeria. Eso sí, con el valor añadido de la rancia aristocracia.
Y para quitarle brillantina al asunto, les dejo una de las últimos fotos que se tomaron de la emperatriz, en plena decadencia. El parecido con las locas de los psiquiátricos decimonónicos es espeluznante. Pero ya sabe que el régimen de la mirada en el siglo XIX unifica a las histéricas que da gusto.


31 diciembre, 2009

Feliz 2010


Jean-Martin Charcot y su elenco de histéricas
(entre las que servidora se incluye)
les desean
un Feliz 2010*


*En realidad no, pero siempre es adecuado seguir el decoro.

15 diciembre, 2009

Nadie sabe lo que puede un cuerpo

Es invierno, hace frío y estamos en crisis. Por si fuera poco, los bares insisten en cobrar las cañas a tres euros. Estoy segura que la Revolución Francesa empezó por menos, aunque ése hoy no es el tema. Ya que la climatología invita a no moverse mucho, logren un ejemplar de la antología de poesía femenina sobre el cuerpo que ha compilado mi Ángel de la Guarda. Róbenla, fotocópienla o vayan a leerla a una librería discretamente, a dos poemas diarios. No hace falta que repita a estas alturas mis obsesiones con el cuerpo: el que quiera saberlas, que lea el epílogo para curiosos, incluido al final del libro y erigido en auténtico cuerpo del delito.

Y sólo para abrir boca y sin ánimo de atentar contra los derechos de autor, me quedo con tres versos de María Eloy-García en los que afirma que "absurdo lo platónico / rechazado lo ideal / sólo me quedan los huesos / la calavera / ésa que asiente cuando parezco estar de acuerdo".

Dicho queda.

05 diciembre, 2009

Facebook, o el enésimo post sobre identidades virtuales

Creo recordar haber escrito sobre Facebook en algún tiempo lejano y remoto. Rebuscando en el archivo del blog, además de sufrir vegüenza por las tonterías escritas hace años y aprovechar para borrar esos posts que nunca debí haber publicado, he encontrado dos entradas que hacían referencia a ese invento de Satán que son las redes sociales. En la primera reniego de Facebook, después de afirmar hipócritamente que me acabo de crear una cuenta. En la segunda, meses después, hago referencia a las horas que me pasaba haciendo tests absurdos en el trabajo. No era pereza, era boicot al capitalismo. Si tuviera que seguir una línea progresiva, aunque no sabría decir hacia dónde progresa, hoy debería escribir una oda a Facebook. Pero para eso ya está el artículo que Maruja Torres publicó en el cada vez más cool e insoportable suplemento dominical de El País. Mis inquietudes van por otros derroteros, y surgen después de deterneme a pensar sobre el hecho de colgar quinientas fotos de mi viaje a México. ¿Cuál es camino que lleva de este acto, igual de anodino y aburrido que la muestra sistemática del álbum/video de boda que reinó en las décadas anteriores, a las teorizaciones sobre nuevas identidades digitales que llevan a cabo sesudos teóricos que no saben encender un proyector? La respuesta, a mi entender, es sencilla: lo sesudos teóricos no lo son tanto, porque no hay ningún camino a recorrer. Pero la tentación de llenarse la boca con términos como "cibercultura" y "virtualidad" a veces es difícil de evitar. Por ello y antes de exponer mi propia teoría, debo volver a acudir a las santas palabras de mi Guía Espiritual, que empezó escribiendo sobre blogs e identidades virtuales y acabó diciendo que eso ya lo hacían los decimonónicos, y que menos cuento. Y se quedó tan ancha. Por cosas así la declaré Guía Espiritual, y si el mundo académico todavía no la ha metido en una gruta a proferir oráculos es porque el universo nunca ha funcionado a derechas. Gamberrismos aparte, mi señora corruptora tiene mucha razón al afirmar que no hay que rasgarse las vestiduras con esto de las identidades virtuales. Las identidades, queridos, siempre han sido una cosa muy virtual, muy sujeta a la prótesis y a la tecnología, que no tiene por qué ser exclusivamente informática. Que se lo digan a mis queridas Isidora Rufete y Rosalía de Bringas, o a la Audrey Hepburn de Breakfast at Tiffany’s cuando dice lo de "I'm not Holly! I'm not Lula Mae either. I don't know who I am. I'm like Cat here. We're a couple of no-name slobs. We belong to nobody, and nobody belongs to us. We don't even belong to each other". Frase, que, por cierto, tiene encantada a mi hermana del alma, que la analiza divinamente en su blog no menos divino.
Y aquí es donde entra mi teoría, que nunca verá la luz académica. Personalmente, creo que estamos en una fase de transición en cuanto al uso de internet. Me explicaré: lo primero que hacía todo usuario de internet hace diez años al comprarse un ordenador y estrenar conexión de módem era meterse en un chat a mentir sobre su género y edad. Ese fue el momento de los sesudos teóricos para decir estupideces del tipo: "el cuerpo se disuelve en internet", "la identidad se torna maleable" o "cambia el concepto de sujeto". Error. La prueba está en que pocos años después en los chats sólo hay obsesos sexuales variopintos en potencia. A chatear al Messenger, con los conocidos habituales. Crearse personajes demasiado alejados se ha revelado como algo cansino, y por otro lado bastante aburrido. Mentir siempre ha requerido de un nivel de imaginación que sólo poseen los escritores y los psicópatas. En Facebook preferimos poner nuestro nombre, nuestras fotos de las vacaciones, una foto de perfil en la que se nos reconozca y tirando millas. Nos ha dado un ataque de panoptiquitis (Guía Espiritual dixit, again). De la ocultación total "que-nadie-sepa-que-soy-yo" a una exhibición igual de anodina que nuestras vidas. Facebook es peor que el realismo decimonónico, porque supone una distancia aparentemente menor entre la palabra, la imagen y su referente. Ni siquiera es hiperrealismo. Me atrevería a llamarlo costumbrismo, porque es igual de aburrido que los artículos de Mesonero Romanos. La identidad sigue siendo virtual e inestable pero no gracias a internet. De hecho, me temo que Facebook genera el efecto contrario: acá mi vida, acá mis amigos, acá mis fotos, acá mis intereses. Un panorama que pretende ser total y sintético de un sujeto. Quizá sí, que el realismo y Facebook tengan las mismas pretensiones ingenuas. Para que luego no digan que no lo habían inventado en el XIX.

Y de regalo, un gran video que lleva años circulando...

03 diciembre, 2009

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

18 noviembre, 2009

Regresos



Ya regresé. En breve adopto de nuevo mi tono científico desapasionado, pero me dejan curarme primero de las nostalgias.

08 noviembre, 2009

La maleta - Ana Prada


Se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo
ahí tiene que entrar toda su vida
pero ella aun no encuentra de qué modo

va plegando camisas y recuerdos
coloca entre los sueños sus zapatos
dobla el abrigo sobre los afectos
y no quiere que quepan los retratos

y el cielo está tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas

que difícil va a ser la despedida
reconstruir a solas su maleta
tras este salto seguirá su vida
como le sigue el hilo a la cometa

repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta

y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas

se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo

repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta

dejando fuera el mundo conocido
con gesto inexorable, con mano de firmeza

y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas
tan derechas


Las imágenes son del gran Chema Madoz. Pueden ver el poema interpretado por Ana Prada aquí.

05 noviembre, 2009

Mitomanías

México es una gran país para la mitomanía: desde que convirtieron a Frida Kahlo en una marca registrada una puede dar rienda suelta a todo tipo de arrebatos místicos en ese país. Y comprarse un posavasos con la pinturas de Diego Rivero y Frida Kahlo reproducidas cual moderna serigrafía warholiana. Importa poco si es un mural socialista o una imagen de la Virgen de Guadalupe, madre de América y equivalente icónico a Mickey Mouse en versión mexicana. Y aquí a servidora, como a Emma Bovary, le interesan sólo los sentidos en función de las formas. En realidad, las infinitas reproducciones de la Virgen de Guadalupe también son muy warholianas. La serigrafía no la inventó una persona, sino un mercado.

Obvio está en que luego cada cual se genera su propia constelación bizarra en la que Lupita convive sin conflictos al lado de Frida o Emilia Pardo Bazán. Dentro de esa genealogía personal que tiendo a construirme hay una figura que los conocedores de mis tendencias e intereses burgueses no se creerían a la primera: León Davidovich Bronstein, más conocido por León Trotsky. Todos tenemos un pasado revolucionario. O en mi caso unos padres de confusas tendencias socialistas y antisoviéticas. Para los legos en la materia diré que León Trotsky fue un comandante del ejército rojo durante la Revolución Rusa de 1917, sucesor inicial de Lenin a quien sus críticas hacia el régimen estalinista le valieron el exilio y posterior asesinato en México a manos de un sicario soviético (y catalán por más señas). En mi casa de Trotsky siempre se habló como un abuelo lejano, como ese personaje que mantuvo las raíces del socialismo sin venderse a la burocracia de la URRSS. Lo dicho, justo a la izquierda de la Virgen de Guadalupe.
La cuestión es que, obviamente, yo no podía irme de México sin darme un paseo por la casa museo en la que vivió el ruso: el lugar tiene esa mezcla de ironía, tragedia y genealogía personal en la que me siento tan cómoda. En primer lugar, cuando yo fui estaba desierto: apenas atendido por un matrimonio que no sabía muy bien que hacía yo allí, fue agradable pasear sola por la casa y tomar las fotos que se me antojaron, después de llevar dos semanas paseando por museos en los que prohibían flashes y era sistemáticamente perseguida por vigilantes aburridos y paranoicos. Como estaba sola casi sin darme cuenta terminé silbando la internacional mientras pasaba la mano por los agujeros de bala que había en la pared, fruto del primer atentado que sufrió la familia. Comandado, por cierto, por el pintor mexicano Diego Alfaro Siqueiros, que aquí ocupa el panteón nacional al lado de Diego Rivera. Insisto en el matiz de tragedia irónica: en ese atentado se metieron varios hombres en la casa armados hasta los dientes y empezaron a disparar a todo lo que se movía. Trostky y su mujer sobrevivieron situándose en el único ángulo de la habitación, entre la cama y la pared, al que no llegaban las balas. Apenas unos meses después, a Trostky lo asesina de forma chapucera un tipo que se había ganado la confianza de la familia, clavándole un piolet en la cabeza mientras le mostraba unos manuscritos en su estudio. Con el relato histórico detrás, toda la casa toma un aire de absurdo extraño: la casa de los guardas, las puertas blindadas, la torre de vigilancia, las ventanas tapiadas... y las cenizas de Trostky en un mausoleo en el jardín. El edificio es un monumento al pesimismo, de un desencanto que luego pillaría desprevenida a la izquierda tras la caída del muro de Berlín. Como si todo la casa estuviera gritando un idealismo enterrado, literalmente, allí mismo.


Disfrutando de la ausencia de vigilancia, me senté en el jardín, sorprendentemente bien cuidado, y me fumé un cigarro mientras contemplaba las ruinas de una juventud que no era la mía. No pude evitar la tentación de saludar a León Davidovich Bronstein de parte de mis padres.


Imágenes
Fig. 1: la puerta de la casa museo
Fig. 2: El mausoleo en el jardín de la casa, debajo del cual están las cenizas de León Trotsky y su mujer
Fig. 3: las puertas blindadas de la habitación de León Trotsky y los agujeros de bala en la pared
Fig. 4: placa del mausoleo