06 mayo, 2011

La culpa de todo la tienen los vanguardistas


Con esta frase resumía mi hermana del alma (y de piso) el estupor que me generan ciertos sujetos subculturales, o quizá demasiado culturales, en la peor acepción del término, entre cuyos ejemplares se encuentran varios de mis alumnos. Me explicaré: la docencia es un mundo maravilloso en el que una llega a clase con la intención de explicarle a sus alumnos -que presupone jóvenes de su tiempo- que hay ciertos conceptos como los de autor, alta cultura y canon literario que no están tan claros como parecen. Es ese mismo mundo maravilloso en el que servidora descubre que sus alumnos tienen las mismas ideas que ostenta el más rancio de los filólogos. Y de ahí la reflexión que pronunció mi hermana del alma y que da título a este post. Porque aunque el mundo gafapastil se crea ultramoderno, resulta que no son más modernos que el señor Ortega y Gasset -al cual me citan con bastante fruicción, por cierto- y que es uno de los principales responsables de ciertas tonterías construidas alrededor de las élites literarias y el experimentalismo novelesco. Dado mi conocimiento, más o menos extenso, del modo en que los textos pululaban antes de que viniera la generación del 27 a joder las cosas, debo decir:

- Que Ortega y Gasset fue un señor cansino que presuponía la literatura como un arte experimental e igual de cansino que él solo apto para unos pocos. 
- Que antes de la generación del 27 los escritores publicaban alegremente en revistas pornográficas, y encima se vanagloriaban de ello. 
- Que Cernuda es un pesado, y no me convencerán de lo contrario. 


Dicho esto, voy al asunto que me ocupa. Los presupuestos de Ortega y de los escritores que pululaban a su alrededor pueden entenderse como una especie de origen nefasto del producto gafapastil cultureta que Barcelona fomenta especialmente. Se trata de sujetos que están convencidos de su supremacía intelectual y que son capaces de citar en una misma frase a Goddard, a la Nocilla Generation y a Derrida sin que se les caiga la cara de vergüenza. Tienen sus propios templos, como el CCCB, la librería Central del Raval y la filmoteca. Y a pesar de enorgullecerse de leer a Wittgenstein y a Proust no son capaces de pensar en el rídiculo lugar que ocupan en un sistema cultural que los ha convertido en una parodia de sí mismos, y que obviamente se aprovecha de su estupidez supina para lograr que se dejen el sueldo en el Fnac comprando las cinematografía completa de Ingar Bergman. Y de todo eso, queridos, tienen la culpa los vanguardistas: porque fue la generación del 27 (si es que existe tal cosa), la que empezó a hablar de un arte alejado de las masas. De hecho, fue la que se inventó el concepto de "masa"; eso sí, mientras jugaban a fascinarse y crear una mitología de la masa misma. Lo que hizo Lorca con los gitanos es lo mismo que hacen determinados payasos con la fascinación por algunos productos televisivos cuya visión y admiración pueden catalogarla con etiquetas que oscilan entre la ironía y el culto. Como bien me hizo ver mi Guía Espiritual (la cual también iría a mearse en la tumba de Ortega con sumo gusto), ¿por qué True Blood sí y Crepúsculo no? Una cuestión con la que disfruto bastante poniendo nerviosos a mis alumnos... e incluso a mí misma. Volviendo al sujeto gafapastil, díscipulo trasnochado de Ortega sin que él lo sepa (no son TAN cultos como quieren hacer creer), he llegado a la conclusión de que ya he soportado a demasiados. Al próximo que me hable de Kieslowski, le contesto algo sobre la epistemología del héroe postmoderno según los estudios de género encarnado en Belén Esteban. Claro que al igual lo consideran un rasgo de ironía kitsch contemporánea. Estoy jodida.

Nota para navegantes: al final mis alumnos sí entendieron ciertas nebulosas; son unas cabecitas pensantes divertídisimas, pero la docencia es lo que tiene, me hace perder y recuperar la fe en la humanidad de forma simultánea. Cosa que ya es mucho más de lo que se puede decir del resto de actividades de mi vida diaria. Y para que quede constancia, dejo un video fantástico -localizado gracias a un alumno- que explica ciertas cosa sobre la alta cultura mejor de lo que lo hecho yo en mis clases. Bueno... mejor, no. Yo tengo la gracia de la performance.