20 junio, 2008

Romanticismo suicida

A falta de una semana para hacer mi último examen, dios ha decidido vengar su muerte en forma de calor asfixiante. Era hermoso sentarse en casa a estudiar mientras llovía tras los cristales. Sobre todo sabiendo que el resto de seres humanos, al carecer de poderes amfibios, tampoco podían salir de su casa. Pero las lluvias han terminado, los pantanos están llenos y yo tengo que estudiar literatura del romanticismo. Esa gente es la demostración inequívoca del cambio climático. A nadie que haya vivido a treinta grados a la sombra se le puede ocurrir ponerse a escribir sobre cementerios, castillos encantados, noches tenebrosas, recios huracanes, sepulcros sombríos, fuertes tormentas y naturalezas salvajes. Tener que estudiar todo eso bajo un calor asfixiante sí es motivo de suicidio, y no la puta incomodidad del artista ante la sociedad burguesa. Malditos llorones decimonónicos.