27 diciembre, 2007

Feliz supervivencia a la Navidad

Vuelvo a escribir en el blog desde donde nació: la pecera en la que me pasé medio verano atendiendo al teléfono. Por lo visto lo atendía bastante bien porque aquí estoy otra vez, pasando unas no-vacaciones de Navidad.
Ya sé que lo de decir que la Navidad es un horror suena a tópico. Qué le voy a hacer, dejó de gustarme cuando descubrí a dos jubilados peleándose por un caramelo infecto debajo de las ruedas de una carroza en la cabalgata de Reyes. Hay cosas que marcan. Reconozco, sin embargo, que el día menos molesto de todos es, precisamente, el día de Navidad. La comida del día 25 en mi casa siempre suele ser bastante memorable. Igual que mi resaca. Lo que suele fastidiarme es ese ambiente prenavideño que empieza cada año antes (leí hace poco en el universo de la blogosfera que podrían poner las luces en agosto, y así cuando llegara diciembre todo el mundo estaría tan harto que nadie celebraría nada), aunque no sé por qué, ya que de todas formas el día 24 hay masas ingentes recorriendo Cortes Ingleses en busca del regalo estrella. Regalo que suele acabar subastado en Ebay antes de que se acaben los turrones.
Retomaré, sorprendentemente, los grandes momentos navideños. Recuerdo que cuando éramos pequeños mis padres convencieron a un primo suyo para que se disfrazase de Papá Noel y nos diera una sorpresa a mí y mis primos. Desgraciadamente, no contaron con que por aquel entonces (a veces también por este entonces) yo era una niña muy repelente. Y muy observadora también. Por lo visto toda la familia se quedó blanca cuando, indignada, afirmé que el auténtico Papá Noel no llevaba aquellos mocasinos tan cutres, sino unas botas de eso, de Papá Noel. Creo que en aquel momento la Nochebuena estuvo a punto de convertirse en un infanticidio.
En otra ocasión mi casa estuvo a punto de incendiarse por culpa de un belén. Mi padre, que de técnico electricista nunca dio el perfil, decidió iluminar el pesebre (curioso que en una casa de ateos recalcitrantes como nosotros montáramos belenes; ahora también los montamos, pero de otro tipo) con una bombilla de un montón de vatios. Y como quedaba todo tan bien, con su musgo y su cueva de madera, lo dejó encendido mientras nos sacaba a pasear a mi hermana y a mí. Al volver, yo sólo sé que del belén salía humo. Fue una lástima, porque podríamos haber iluminado el barrio entero si hubiéramos tardado más en regresar.
A pesar de estos grandes momentos y de los canelones de mi abuela, si pudiera compraría, sin duda alguna, un abono de conversión al islam que durase veinte días (sin fiesta del cordero, por favor).
Pues eso. Que felices fiestas. O no.

14 diciembre, 2007

Se nos sube a la cabeza
la espuma de una tristeza
crepuscular,
el óxido de los días,
las utopías con hielo,
el azul galimatías
del cielo según san Juan,
un calcetín con tomate
y el último disparate
de Nicanor,
que cuando le preguntaron
si había estado enamorado,
como es un hombre sincero,
"yo, no señor -contestó-,
yo siempre fui camarero".

(Joaquín Sabina, El Café de Nicanor)

27 noviembre, 2007

La ciutat

Plena de carrers per on he tombat
per no passar els indrets que em coneixien.
Plena de veus que m'han cridat pel nom.
Plena de cambres on he cobrat records.
Plena de finestres des d'on he vist créixer
les piles de sols i de pluges que se m'han fet anys.
Plena de dones que he seguit amb la vista.
Plena de nens que només sabran
coses que jo sé, i que no vull dir-los.

(Gabriel Ferraté)

(Foto: vista aérea de Terrassa)

22 noviembre, 2007

Que baje un pedagogo y lo vea


Dedicado a los compañeros de fatigas del CAP.

Que el mundo de la educación está mal es un tópico repetido, manido y para el cual todo el mundo tiene una solución. A pesar de ello, el mundo de la educación sigue estando mal. Sin ánimo de hacer perversas asocionaciones, siguiendo la línea de hipótesis aleatorias y divertidas de los simpáticos seguidores del Espagueti Volador, me atreveré a decir que, sospechosamente, el mundo de la educación a ido a peor a medida que aumentaba el número de expertos en didáctica, pedagogos, y apóstoles varios de las ciencias de la educación. Sí, señores. Ésos que redactaron la LOGSE. Los que han redactado la LOE. Exactamente los mismos que han prohibido poner ceros en las notas de los adolescentes para que no se traumaticen, haciendo verdad la leyenda de que poner el nombre en un examen te da un punto. Curiosamente, también son aquellos que llevan años sin pisar las aulas, en sus maravillosos despachos universitarios, con sus grandes libros, sus sesudas investigaciones y una batería de soluciones que salvarán a los adolescentes patrios de cualquier fracaso escolar. Todavía estoy esperando a que alguien me explique porque un señor que ha estudiado una carrera que se llama Pedagogía y que no ha dado en su vida una clase de lengua, historia o matemáticas tiene autoridad para establecer como hay que dar una clase de lengua, historia y matemáticas. "¡El aula es un espacio de vida! ¡Hay que motivar a los alumnos!" - claman a coro mientras yo me pregunto cuáles deben ser las drogas que les motivan a ellos para entregar su vida a tan noble causa.
Y, a pesar de ellos, ahí está el mundo de la educación...

19 noviembre, 2007

Cómo me deshice de quinientos libros (Augusto Monterroso)

"Poeta: no regales tu libro; destrúyelo tú mismo." (Eduardo Torres)


Hace varios años leí un ensayo de no recuerdo qué autor inglés en el que éste contaba las dificultades que se le presentaron para deshacerse de un paquete de libros que por ningún motivo quería conservar en su biblioteca. Ahora bien, en el curso de mi existencia he podido observar que entre los intelectuales es corriente oír la queja de que los libros terminan por sacarlos de sus casas. Algunos hasta justifican el tamaño de sus mansiones señoriales con la excusa de que los libros ya no los dejaban dar un paso en sus antiguos departamentos.

Yo no he estado, y probablemente no lo estaré jamás, en este último extremo; pero nunca hubiera podido imaginar que algún día me encontraría en el del ensayista inglés, y que tendría que luchar por desprenderme de quinientos volúmenes.

Trataré de contar mi experiencia. De pasada diré que es probable que esta historia irrite a muchos. No importa. La verdad es que en determinado momento de su vida, o uno conoce demasiada gente (escritores), o a uno lo conoce demasiada gente (escritores), o uno se da cuenta de que le ha tocado vivir en una época en que se editan demasiados libros. Llega el momento en que tus amigos escritores te regalan tantos libros (aparte de los que generosamente te pasan para leer aún inéditos) que necesitarías dedicar todos los días del año para enterarte de sus interpretaciones del mundo y de la vida. Como si esto fuera poco, el hecho es que desde hace veinte años mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos termina por confundirse tristemente con la primera.

Por ese tiempo, di en la torpeza de visitar las librerías de viejo. En la primera página de Moby Dick Ismael observa que cuando Caton se hastió de vivir se suicidó arrojándose sobre su espada, y que cuando a él le sucedía hastiarse, sencillamente tomaba un barco. Yo, en cambio, durante años tomé el camino de las librerías de viejo. Cuando uno empieza a sentir la atracción de esos establecimientos llenos de polvo y penuria espiritual, el placer que proporcionan los libros ha empezado a degenerar en la manía de comprarlos, y ésta a su vez en la vanidad de adquirir algunos raros para asombrar a los amigos o a los simples conocidos.

¿Cómo tiene lugar este proceso? Un día uno está tranquilo leyendo en su casa cuando llega un amigo y le dice: "¡Cuántos libros tienes!". Eso le suena a uno como si el amigo le dijera: "¡Qué inteligente eres!", y el mal está hecho. Lo demás, ya se sabe. Se pone uno a contar los libros por cientos, luego por miles, y a sentirse cada vez más inteligente. Como a medida que pasan los años (a menos que se sea un verdadero infeliz idealista) uno cuenta con más posibilidades económicas, uno ha recorrido más librerías y, naturalmente, uno se ha convertido en escritor, uno posee tal cantidad de libros que ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio. Así es la vanidad esta de poseer muchos libros.

En tal situación, el otro día me armé de valor y decidí quedarme únicamente con aquellos libros que de veras me interesan, hubiera leído o fuera realmente a leer. Mientras consume su cuota de vida, ¿cuántas verdades elude el ser humano? Entre éstas, ¿no es la de su cobardía una de las más constantes? ¿A cuántos sofismas acudes diariamente para ocultarte que eres un cobarde? Yo soy un cobarde. De los varios miles de libros que poseo por inercia, apenas me atreví a eliminar unos quinientos, y eso con dolor, no por lo que representaran espiritualmente para mí, sino por el coeficiente de menor prestigio que los diez metros menos de estanterías llenas irían a significar.

Día y noche mis ojos recorrieron una y otra vez (como decían los clásicos) las vastas hileras, discriminando hasta el cansancio (como decimos los modernos). ¡Qué increíble cantidad de poesía, qué cantidad de novelas, cuántas soluciones sociológicas para los males del mundo! Se supone que la poesía se escribe para enriquecer el espíritu; que las novelas han sido concebidas, cuando menos, para la distracción; y aun, con optimismo, que las soluciones sociológicas se encaminan a solucionar algo.

Viéndolo con calma, me di cuenta de que en su mayor parte la primera, o sea la poesía, era capaz de empobrecer el espíritu más rico, las segundas de aburrir al más alegre y las terceras de embrollar al más lúcido. Y no obstante, qué consideraciones hice para descartar cualquier volumen, por insignificante que pareciera. Si un cura y un barbero me hubieran ayudado sin yo saberlo, ¿habrían dejado en mis estantes más de cien? Cuando en 1955 visité a Pablo Neruda en su casa de Santiago me sorprendió ver que escasamente poseía treinta o cuarenta libros, entre novelas policiales y traducciones de sus propias obras a diversos idiomas. Acababa de donar a la universidad una cantidad enorme de verdaderos tesoros bibliográficos. El poeta se dio ese gusto en vida; único estado, viéndolo bien, en que uno se lo puede dar.

No haré aquí el censo de los libros de que estaba dispuesto a desprenderme; pero entre ellos había de todo, más o menos así: política (en el mal sentido de la palabra, toda vez que no tiene otro), unos 50; sociología y economía, alrededor de 49; geografía general e historia general, 3; geografía e historia patrias, 48; literatura mundial, 14; literatura hispanoamericana, 86; estudios norteamericanos sobre literatura latinoamericana, 37; astronomía, 1; teorías del ritmo (para que la señora no se embarace), 6; métodos para descubrir manantiales, 1; biografías de cantantes de ópera, 1; géneros indefinidos (tipo Yo escogí la libertad), 14; erotismo, ½ (conservé las ilustraciones del único que tenía); métodos para adelgazar, 1; métodos para dejar de beber, 19; psicología y psicoanálisis, 27; gramáticas, 5; métodos para hablar inglés en diez días, 1; métodos para hablar francés en diez días, 1; métodos para hablar italiano en diez días, 1; estudios sobre cine, 8; etcétera.

Pero esto constituía nada más el principio. Pronto descubrí que eran pocas las personas que querían aceptar la mayor parte de los libros que yo había comprado cuidadosamente a través de los años perdiendo tiempo y dinero. Si bien esto me reconcilió algo con el género humano al descubrir que el mero afán de acumular no era una aberración tan generalizada, me causó las molestias consiguientes, por cuanto una vez decidido a ello, deshacerme de esos libros se convirtió en una necesidad espiritual apremiante. Un incendio como el de la Biblioteca de Alejandría, al que están dedicados estos recuerdos, es el camino más llano, pero resulta ridículo y hasta mal visto quemar quinientos libros en el patio de la casa (suponiendo que la casa tuviera). Y se acepta que la Inquisición quemara gente, pero la mayoría se indigna de que quemara libros. Ciertas personas aficionadas a estas cosas me sugirieron donar todos esos volúmenes a tales o cuales bibliotecas públicas; pero una solución tan fácil le restaba espíritu aventurero al asunto y la idea me aburría un poco, además de que estaba convencido de que en las bibliotecas públicas serían tan inútiles como en mi casa o en cualquier otro sitio.

Tirarlos uno por uno a la basura no era digno de mí, de los libros, ni del basurero. La única solución eran mis amigos. Pero mis amigos políticos o sociólogos poseían ya los libros correspondientes a sus especialidades, o eran enemigos de ellos en gran cantidad de casos; los poetas no querían contaminarse con nada de contemporáneos suyos a quienes conocieran personalmente; y el libro sobre erotismo era una carga para cualquiera, aun despojado de sus ilustraciones francesas.

Sin embargo, no quiero hacer de estos recuerdos una historia de falsas aventuras supuestamente divertidas. Lo cierto es que de alguna manera he ido encontrando espíritus afines al mío que han aceptado llevarse a sus casas esos fetiches, a ocupar un lugar que restará espacio y oxígeno a los niños, pero que darán a los padres la sensación de ser los depositarios de un saber que en todo caso no es sino el repetido testimonio de la ignorancia o la ingenuidad humanas.

Mi optimismo me llevó a suponer que, al terminar estas líneas, comenzadas hace quince días, en alguna forma justificaría cabalmente su título; si el número de quinientos que aparece en él es sustituido por el de veinte (que empieza a acortarse debido a una que otra devolución por correo), ese título estará más apegado a la realidad.


Augusto Monterroso, Cuentos Completos, Madrid, Alianza, 1986.



09 noviembre, 2007

"Y entonces entró con una bazoca y los mató a todos." ¿Veis? ¡Eso es fantasear!

Descubro, para mí desesperación egocéntrica, que me he constituido como el único bastión de inmoralidad que queda en este mundo. Estupenda frase que he leído en un fotologuero amigo de una amiga de dudosa estabilidad mental. El fotologuero, no mi amiga. Bueno... quizá ambos.
Descubro, y esta vez no plagio a nadie, que los adolecentes españoles, colistas en todas las listas de todos los informes sobre todos los desastres de la educación en Occidente, han inventado una nueva semiótica. No lo digo yo, me lo han contado hoy en clase. Por lo visto el hecho de que los chavales compongan textos a base de cortar y pegar otros textos de Internet remueve los cimientos culturales más básicos, mata al autor definitivamente y cambia totalmente el concepto de texto y de creación, haciendo realidad el desasosiego postmoderno. Genial, Foucault y Barthes estarán haciendose pajas en el más allá. - ¡Manifiéstate Roland! - ha dicho hoy una profesora al ver que una bombilla parpadeaba. ¡Deja de manifestarte, Boris Izaguirre! grito yo al ver que la televisión emite unos sonidos extraños. Lo que quizá no saben esos apóstoles de la semiótica es que lo de fusilar textos en los trabajos y omitir al autor es algo que se hacía ya antes de Internet. Se llamaban enciclopedias. Un día aparecía por casa un señor que acusaba a unos padres inocentes y aterrorizados de no velar por el futuro de sus retoños. Siempre llevaba corbata y su especialidad era augurar tremendos fracasos escolares. Al día siguiente había una estantería nueva con una enciclopedia. Y cuando los encantadores retoños debían hacer un trabajo sobre cualquier personaje ilustre, abrían la enciclopedia y copiaban como los pequeños cabrones que eran. Éramos. Es probable que lo sigamos siendo. Y con eso ningún apóstol de la semiótica hacía tesis doctorales.

27 octubre, 2007

Lo que no y lo que sí

"Pensé que en la vida de las personas era más importante lo que sucedía que lo que no sucedía. [...] Pensé entonces que cada uno de nostros lleva dentro un 'lo que no', es decir, algo que no le ha sucedido y que sin embargo tiene más peso en su vida que 'lo qué sí', que lo que ha ocurrido. Es posible que haya personas en las que misteriosamente se cumpla 'lo que no' y dejé de cumplirse 'lo que sí, pero no tengo ningún caso documentado de lo que, de existir, sería una aberración pavorosa."

(Juan José Millás, Dos mujeres en Praga)

Quería escribir sobre el tema y de hecho tenía un texto fantástico en la cabeza sobre ello. Pero quizá pertenecía al mundo de 'lo que no'.

07 octubre, 2007

Domingos

Alguien debería, de una vez por todas, prohibir los domingos. Incluso la etimología es desagrable. Mientras que la mayoría de días de la semana provienen de mitologías precristianas - así, el lunes viene de LUNAE, día consagrado a la Luna, o el martes de MARTIS, en honor al dios Marte - la palabra domingo proviene de DOMINĭCUS DIES, es decir, el día del Señor. Ya se sabe, eso de que al séptimo día descansó. Pero es que actualmente los domingos se han convertido, no en el día de descanso, sino en una antesala al lunes, un día de espera en el que ésta resulta más horrible que el propio lunes. El domingo es un día dedicado a matar el tiempo, un día que nace muerto de antemano. Incluso aunque uno se despierte sin resaca. Precisamente por este motivo, hay pocas entradas del blog escritas en domingo. Éste es uno de los primeros en los que, entre tedio y tedio, después de haberme leído sólo la mitad de los suplementos de El País, he pensando en ponerme delante del ordenador a seguir matando minutos a cañonazos. Y, curiosamente, sólo se me ha ocurrido ponerme a escribir sobre los domingos.
Sin embargo, me resisto a terminar la entrada sin hacer mención a algo que sí vale la pena de este día de la semana: el sin par aperitivo (vermouth, para los que querían dárselas de modernos hace veinte años). Aunque debo reconocer que aquí en Catalunya es una costumbre poco practicada. Recuerdo, por ejemplo, que una de las cosas que más me sorprendió los primeros días en Salamanca era lo llenas que estaban las terrazas cualquier sábado o domingo a las dos de la tarde. No es que aquí no se practique, sino que es una costumbre menos extendida. Quizá porque resulta desalentador que te cobren las aceitunas o las patatas fritas aparte del precio habitualmente excesivo de la caña. Quizá porque aquí nadie sabe lo que es el vermú de grifo que tienen en todos los bares de Madrid. Por lo que a mí respecta, yo lo practico más bien poco, aunque no se debe a cuestiones nacionales, sino a mi natural tendencia a no levantarme antes de las doce. Aunque ése, es otro tema...

(Imagen: Ernst Ludwig Kirchner - "Die Artist")

05 octubre, 2007

Filología y literatura comparada, o porque los perros y los gatos se llevan mal

Uno de los motivos por los que valía la pena regresar a la UAB era por volver a hacer alguna asignatura de la licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Salamanca era maravillosa, y muchos de sus profesores también, pero en lo que a Filología concierne eran más papistas que el Papa. Se trata de un enfrentamiento que viene de lejos, probablemente desde la primera vez que se usó el término en Francia. A día de hoy, los profesores de Hispánicas siguen lanzando piedras sobre sus colegas de Comparada, mientras que éstos últimos les devuelven el ataque. Resulta algo francamente divertido.
Resumiendo mucho para los que no sepan de qué va la historia: la Filología se centra en un análisis literario y un concepto de literatura de carácter habitualmente historicista, basado en la cronología y en las literaturas nacionales. Uno estudia una historia de una literatura, en un país y acotada en periodos cronológicos (Medieval, Siglos de Oro, etc.). La Lit. Comparada, en cambio, estudia los textos de una manera que no tiene por qué ser diacrónica. Por ejemplo, hace un par de años hice una asignatura en la que saltábamos directamente de Virgilio a Dante pasando por los evangelios apócrifos. Las relaciones entre textos están condicionadas a otras esferas de la vida como el resto de las artes, política, ciencia o religión. Esto en la práctica se traduce en dos maneras muy distintas de ver el mundo y de concebir la literatura. Ergo, dos departamentos que suelen enfrentarse. Para los de Filología, la Literatura Comparada es una disciplina (eso los que llegan a considerarla como tal) que ha venido meter las narices donde nadie se lo había pedido. En palabras textuales de un profesor que tuve una vez, "los de Comparada hablan mucho de todo sin saber absolutamente nada". Para los de Comparada, los de filología son una especie de fósiles incapaces de evolucionar que poseen la injusta ventaja de tener a la tradición de su parte. Se podría decir que esa licenciatura de segundo ciclo (en peligro de extinción gracias a la nueva reforma de universidades) es el hijo rebelde de la Filogía. Un hijo que ya se ha hecho mayor y que se ha emancipado pegando un buen portazo al salir de casa. Aunque yo soy de Filología, miro a ese hijo rebelde con bastante simpatía, cosa muy habitual entre descreídos de la carrera como yo y unos cuantos más. Y otra vez, después de tradicionalismo filológico salmantino, se me vuelve a meter el gusanillo (llámalo gusanillo, llámalo parásito) del poder aprender las cosas de otra manera. De poder aprender, al fin y al cabo, otras cosas.

02 octubre, 2007

Primer día de clase

Primer día de clase. Bolis, agenda, carpeta y una lista de lecturas obligatorias escalofriante y apasionante a la vez. Primer día también en que se paran las clases por la asamblea. Primer día de tren. Primer día de volver a ver a mis compañeras de piso y de vida en Salamanca. Y de acordarnos de Anaya. Presentaciones, programas de asignaturas, conferencias. Los repelentes de siempre, que a pesar de ello tardan lo mismo que yo en acabar la carrera. Repelentes nuevos. Amigos viejos. Profesores más viejos todavía. Bar nuevo, impecable y más amplio, pero con las mismas colas, menos humo y poco encanto. Realismo decimonónico.
De postre, me quedo con la frase que hoy ha pronunciado un escritor mexicano que ha venido a dar una conferencia: "Cuando mi hijo ve una rosquilla, inmediatamente grita ¡Homer Simpson! Eso es posmodernidad."

25 septiembre, 2007

Discurso de graduación

Después de años de infatigable (y eso que yo me fatigo muy rápido) trabajo universitario, llega, por fin, ese momento que imaginaba de pequeña cuando mi madre me llevaba de la mano al colegio amenazándome con un trabajo de basurera si no estudiaba. Un saludo para el gremio de la limpieza urbana. Finalmente, la semana que viene empiezo mi último año de carrera.
Ilusión más bien poca, eso sí, puesto que no tengo ningunas ganas de volver a meterme cada día en el tren ni de recorrer de nuevo esos pasillos grises de edificios tardofranquistas que conforman la Universidad Autónoma de Barcelona. Sobre todo, después de haber pasado un año yendo andando a estudiar a un edificio neoclásico del siglo XVIII en Salamanca.
Sin embargo, el verano (aunque haya sido más bien desastroso como éste) permite acumular fuerzas para despegar otra vez: dos tardes haciendo números para calcular los créditos que me quedan, otras dos tardes intentando cuadrar horarios que este año parecen haber sido diseñados por una mente sádica y retorcida y una semana montando planes B por si se acaban las plazas en cualquier asignatura del plan A, cosa que, como me temía, ha ocurrido. Así que, ahora mismo, a menos de veinticuatro horas de mi fecha de matrícula, todavía no tengo horario definitivo. El problema es que este año no puedo permitirme el lujo de dejar lo que no me cuadre para el año siguiente. Mi felicidad presente se sustenta únicamente en no estar aquí en el futuro.
De este modo, ya que en mi universidad no hay ceremonia de graduación (es que somos muy modernos y progresistas), aprovecho este blog para pronunciar mi discurso de agradecimiento de fin de carrera:

Gracias a los catedráticos de literatura por seguir sin saludarme por los pasillos después de cuatro años allí.
Gracias al Instituto de Ciencias de la Educación por quedarse sin horarios decentes para el CAP.
Gracias a los cruzados contra el tabaco por jodernos el fumar en el bar y joder a la quiosquera por venderlo.
Gracias a los Ferrocarriles Catalanes por hacerme perder tiempo y dinero para ir a clase cada día (y un saludo especial a sus amables revisores).
Gracias a los miembros de la Asamblea de la Facultad de Letras por montar asambleas inútiles cada dos por tres para poder parar las clases (¡eso sí que lo eché de menos en Salamanca!).
Gracias a la mente preclara que decidió construir un edificio en la explanada de césped delante de la Facultad, jodiéndonos la única gracia que tenía el lugar.
Gracias a los inútiles que decidieron quitar las máquinas de café del pasillo del bar. ¡Ahora ya puedo hacer más colas!
Y sobre todo, gracias a Gestión Académica por putearme profundamente, ahora y siempre.

22 septiembre, 2007

Los chicos de hispánicas

(Gracias a Regina y a Gema por confeccionar este retrato una tarde de cañas en Salamanca. Y sí, claro que hay excepciones, o eso espero...)


El chico estudiante de Filología Hispánica siempre ha sido un tipo peculiar. Después de refrendar una serie de hechos que yo creía que ocurrían sólo en mi universidad y que resultaron ser un fenómeno nacional, confeccionamos el decálogo del estudiante varón de hispánicas. Ya sé que en su conjunto resulta exagerado pero todos mis compañeros de carrera poseen, como mínimo, dos de estas diez cualidades:

1. El chico de hispánicas es escritor, aunque no escriba nada. Preferentemente poeta, tiene ya en segundo de carrera un par de volúmenes escritos cuajados de sonetos y guardados en un cajón.

2. El chico de hispánicas es autodidacta. Él prefiere instruirse en casa o en una biblioteca. Lo de ir a clase es para mentes menos privilegiadas que la suya.

3. Como consecuencia del punto anterior, el chico de hispánicas no suspende nunca, sino que "se ocupa de otros proyectos".

4. A pesar de no aparecer por clase, paradógicamente sí se le suele ver en los despachos del profesorado, habitualmente armado con sus poemas.

5. Aunque se presentará a sí mismo (sobre todo ante el género femenino) como un chico tímido y atormentado, no dudará en plantear en clase las preguntas más estúpidas posibles. Si con ello no consigue ganar el favor del docente de turno entonces recurrirá al punto anterior.

6. El chico de hispánicas tipo A se hartará de ligar durante los años de carrera.

7. El chico de hispánicas tipo B se hartará de hacerse pajas durante los años de carrera.

8. El chico de hispánicas (ambos tipos) nunca podrá asumir bien la negativa de una chica, elevándose ésta de forma automática a la categoría poética de "musa imposible".

9. Cuando hay una pelea, el chico de hispánicas desaparece misteriosamente.

10. El chico de hispánicas es, en definitiva, una criatura extremadamente sensible e incomprendida por el resto de mortales.

14 septiembre, 2007

Libros, libros y más libros

Brutalmente poseída por el síndrome de septiembre, aunque no me ha dado por coleccionar dedales ni casas de muñecas por entregas, me he lanzado a la ardua tarea de intentar volver a tener mis libros en la misma habitación en la que me duermo. La mudanza a Salamanca de hace un año provocó un mi casa un caos bibliográfico al que hasta hoy no me había enfrentado todavía. Cuando regresé llegamos a la conclusión familiar de que había que poner estanerías en mi nueva habitación porque, sencillamente, los libros no cabían en casa. Colocado el nuevo espacio, he tenido no sólo que trasladar los libros sino también que hacer limpieza de los que ya habían. Obras repetidas en distintas ediciones, libros de la adolescente que era no hace tantos años, enciclopedias a las que la Wikipedia ha relegado al olvido, manuales de autoayuda inútiles y autores que deberían avergonzarse de los árboles talados para publicar sus libros (esta vez seré políticamente correcta y no daré nombres). Después de un par de días agotadores apenas he logrado un poco más de espacio y una caja llena de libros infantiles con los que no sé qué hacer. Hasta hoy yo había sido una de esas personas que apreciaba el libro como un objeto simbólico al que se le debía respetar, venerar y quitar el polvo. Ahora empiezo a entender por qué Carvalho alimentaba la chimenea de su casa con libros o por qué tantos autores acaban reflexionando en algún momento de sus vidas sobre la posiblidad de quemar su biblioteca. Yo, desde luego, he visualizado ya una enorme hoguera en mi patio y he llegado a ver la columna de humo que subía piso arriba, acordándome de una frase de la estupenda película de Adolfo Aristarain, Lugares comunes, en el que un personaje se pregunta, ante un montón de cajas llenas de libros, cómo podían existir "tantas palabras para un mismo desconcierto".

13 septiembre, 2007

Citas célebres de la Filología (II)

"La gran prueba para filiar manuscritos y exámenes es el error común" (Bienvenido Morros, UAB)

"Los de ciencias los más guapos y los más listos y los de letras los más feos y los más pobres" (Bienvenido Morros, UAB)

"Si te tiras por la ventana no saltes por ahí, que el suelo sólo está a cuarenta cms., mejor súbete al tercer piso." (Dolors Poch, UAB)

"Y en el final de la La Celestina aparecen los sesos por el suelo, como buena tragedia que se precie" (Alberto Blecua, UAB)

"Los anglosojanes sí saben hacer manuales y no como los latinos, que se enrollan lo increíble y para encontrar el concepto de morfema hay que irse a la página dos mil dos cientos." (Mª Lluïsa Hernanz, UAB).

"Me quedé colgada en una frase hace siete minutos" (Lina Rodríguez, USAL)

"Los filológos somos rescatadores de cadáveres" (Lina Rodríguez, USAL)

"Os traigo un poeta porno y no me voy sin leéroslo" (Lina Rodríguez, USAL)

"En cierto sentido los indoeropeos somos nosotros pero en otro sentido los indoeropeos están muertos y enterrados" (Mª Lluïsa Hernanz, UAB)

"¿A quién le podéis entregar un ejercicio sobre los beatniks y las drogas? ¡A mí!" (Pau Pitarch, UAB)

"No digáis cosas en voz baja, porque entonces me creo que oigo voces y si algún día dicen 'mátalos a todos' tendríamos un problema." (Pau Pitarch, UAB)

"Juan del Enzina no es mejor que Sabina." (Lina Rodríguez, USAL)

"Es opcional que me lo entreguéis pero también es opcional que yo me lo lea." ((Lina Rodríguez, USAL)

"La fonética es una de las disciplinas más eróticas." (Dolors Poch, UAB)

"En el momento en nosotras nos dejamos sin depilar y vamos como unas guarras no nos sentimos más fuertes" (Lina Rodríguez, USAL)

"Un ordenador jamás podrá decir las bobadas que se me ocurren a mí" (Lina Rodríguez, USAL)

"Si el cadáver se mueve es que no lo hemos rematado bien" (Mª Lluïsa Hernanz)

"Las letras de Raphael tienen ecos becquerianos" (Fernando Rodríguez de la Flor, USAL)

"Si digo arradio soy una bestia parda" (Alberto Blecua, UAB)

[Para ver y añadir otras frases ir a www.patatabrava.com]

05 septiembre, 2007

Citas célebres de la Filología

Después de cuatro años de carrera una no acumula sólo conocimientos. También quedan todos esos cientos de horas de clase en los que he acabado recogiendo frases absurdas, divertidas o terriblemente freaks los eminentes profesores. A falta de encontrar más agendas de años anteriores, aquí os dejo unas cuantas...

"Si me tengo que oír a mí mismo durante una hora y media me puedo morir." (Alberto Blecua, UAB)

"¿Quién está verdaderamente encantado cuando le presentan a alguien? ¡La mayoría deveces nos da igual!" (Dolor Poch, UAB)

"Suerte que nuestra profesión es muy bonita. Se puede explicar lo que a uno le de la gana" (Alberto Blecua, UAB)

"Si no le abro la cabeza a alguien para ver como funciona la lengua es porque está prohibido" (Dolors Poch, UAB)

"Tened en cuenta que la lengua es como una cebolla" (J.Mª Brucart, UAB) - Respuesta de un alumno: "Sí, porque te hace llorar"

"La gramática no existe. Es algo que está por ahí, vacío" (Alberto Blecua, UAB)

"Es verdad que la lengua da impulsos irreprimibles" (J. Mª Brucart UAB)

"Este ejercicio no es obligatorio. Es sólo para los repelentes." (J. Mª Brucart UAB)

(MÁS FRASES EN UN FUTURO, que he quedado y llego tarde....)

31 agosto, 2007

RESOLUCIÓN

Resolución de ser feliz
por encima de todo, y contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución.

Pero más que el propósito de enmienda
dura el dolor del corazón.

(Jaime Gil de Biedma, "Poemas póstumos")

Hoy no me apetecía escribir, así que a cambio (y creo que salimos ganando) os he dejado un poemita de uno de mis autores preferidos. Y que digan lo que quieran de la poesía de la experiencia.

(Foto: http://www.letraslibres.com/imagen2.php?id=3536&dw=200)

28 agosto, 2007

El mundo de la seguridad

La preocupación por la seguridad es una obsesión característicamente burguesa. En el siglo XIX el ser humano acabó de consolidar un mundo muy alejado del "valle de lágrimas" que había sido la vida apenas dos siglos antes. El ocio y las comodidades que el capitalismo ponía al alcance de la nueva clase dominante supuso que el hombre ya no quisiera morirse. La gloria eterna y la espiritualidad se convirtieron en tan sólo una serie gestos estereotipados que se hacían en la iglesia los domingos o en fiestas señaladas. Frente a una vida plácida, aunque también algo anestesiada, el burgués empieza a temer las posibles amenazas hacia su vida o su capital. El proletariado se empieza a perfilar como un peligro latente, aunque no es el único. No es casualidad que las primeras policías nacionales y urbanas nazcan en el XIX, ni las novelas de detectives como Sherlock Holmes, en las que por medio de la razón reestablecen el orden burgués inicial. Aquí también radica el interés por lo patológico. El morbo también es un invento burgués. Cómo explicar, si no, que una serie de asesinatos en cadena conviertan a un anónimo psicópata en un auténtico mito como fue Jack el Destripador.
Lo interesante de ese terror burgués es que, paradójicamente, asesinatos, atracos y cuestiones similares son estadísticamente insignificantes, y coinciden con la creación, por primera vez en la historia, de ciudades seguras, iluminadas, por las que sí se puede andar, a diferencia de las urbes de un par de siglos atrás. De este modo, pese a que las posibilidades de morir asesinado por un psicópata son más bien remotas, la burguesía hace de ello un tema realmente angustioso.
Por cuestiones de trabajo (aunque yo sólo atienda al teléfono) he podido fijarme en cómo trabaja hoy en día un departamento de seguridad. En un mundo más paranoico que nunca, en el que todo el mundo teme lo que pueda surgir detrás de cualquier esquina, y las empresas de seguridad están nadando en mares de dinero, me divierte mucho ver trabajar a mis compañeros. Volvamos otra vez a la estadística: en los últimos diez años creo que han ocurrido una dos acciones realmente graves. Sin embargo, hay una infraestructura completa de cámaras, alarmas, grabaciones y personal dedicado a ello. Supongo que muchos dirían que si no existiera esa infraestructura entonces sí ocurrirían cosas más graves, y seguramente tengan algo de razón. Pero cuando se lleva un par de meses viendo un departamento dedicado exclusivamente a "temer" y a "imaginar" futuros ataques, se acaba pensando que quizá aquel terror burgués, aquella esquizofrenia de clase, ha acabado extendiéndose y profesionalizándose para convertirse, como no, en uno de los mayores negocios del siglo. Para que luego hablen de posmodernidad.

(Imagen: http://edbeals.com/3d/security.htm)

27 agosto, 2007

¡Salamanca returns!

No tenemos todavía billetes, ni alojamiento, ni maldita idea de qué vamos a sentir cuando pisemos otra vez la Plaza Mayor (va ser un auténtico experimento emocional) pero hemos conseguido lo más importante: fiesta en el trabajo. Eso significa que la expedición catalana se vuelve a largar (esta vez sólo por unos días) a una Salamanca que ya conoce y echa de menos. Por esto sí deberían preocuparse algunos, y no por los papeles, porque los catalanes vamos a quemar Salamanca el fin de semana del siete de septiembre. Aprovechando un puente tan nacional como es el del once de septiembre (para el resto del mundo caída de las Torres Gemelas, para nosostros la diada), hemos logrado hacer coincidir a unos cuantos Sénecas que recalaron con nosotras en la Facultad de Filología el año pasado. Algunos están allí porque tienen exámenes de recuperación, otros más afortunados -entre los que me incluyo- vamos por el simple placer de volver a pisar esas calles, porque el pasado junio nos prometimos volver, como el tango pero sin la frente marchita. Y nos gusta cumplir nuestras promesas.


23 agosto, 2007

Si yo pudiera Granada, contigo me casaría...


Alhambra

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.

(Jorge Luís Borges, "Poemas del Alma")



Mientras el verano se deshace entre las tormentas y los madrugones, no puedo evitar acordarme de veranos anteriores de más éxito, y Granada se erige entre uno de los destinos que más añoro. Ha dado la casualidad, además, de que ayer regresó una amiga de allá, con una tetera violeta bajo el brazo para mí (gracias petita) y completamente enamorada de la ciudad. Viendo la cara que pone cada vez que se acuerda de la ciudad no puedo evitar acordarme de la primera vez que pisé Granada, viajando y durmiendo en una furgoneta en pleno agosto -algo poco recomendable - con perro incluido. El calor era asfixiante, debíamos llevar el perro a todos lados, no teníamos donde ducharnos y tuvimos que dormir en un descampado con las puertas abiertas para no morir deshidratados. Pero a pesar de todo me enamoré locamente de la ciudad. De la calle Elvira, de las teterías, del Albaicín, de la Alhambra (a la que no llegamos a entrar, pero el acceso libre a los jardines fue una bendición), de las tapas, de la gente y de sus calles. Y creo que todavía no había descubierto a Luis García Montero. El verano pasado volví, y aunque esta vez gozaba de un piso con aire acondicionado, la sensación fue exactamente la misma. Tengo un amigo que dice que hay que subir cada día al mirador de San Nicolás a ver la Alhambra al atardecer, porque cada día se ve de un color distinto. Sé que en algún momento de mi vida tendré el tiempo suficiente para comprobarlo. Esa ciudad y yo todavía tenemos un idilio pendiente.

Nota: el poema de Borges ha sido un descubrimiento que he hecho esta misma tarde mientras buscaba otra cosa relativa a la Alhambra. Resulta que el Borges poeta es bastante menos pedante y elitista que el cuentista. Ya me lo habían advertido, pero hasta hoy no la había comprobado. Y la foto la hice yo, con la boca abierta, en los palacios del Generalife.

12 agosto, 2007

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar, "Historias de cronopios y famas"


Creo que todo el mundo acaba colocando tarde o temprano este texto en blogs, foros o álbumes de fotos. La culpa la tuvo ese anuncio de coche en el que empleaban la voz tan particular de Cortázar (que no se engañen los que piensen que tenía acento francés, es que no podía pronuciar las erres). Yo ya conocía este texto porque es uno de los primeros que te enseñan en cualquier Filología. Coincidió también con que un amigo pasó una época de furor por Cortázar (David, llegaste a hacerte monotemático, veías magas por todas partes) que me tocó vivir de cerca. Nunca he visto dibujar tantas rayuelas en tantos lugares con tanta frecuencia.
La cuestión es que es un texto y un autor al cual les tengo mucho cariño y que tenía que caer en algún momento por aquí. Al fin y al cabo, un blog es más divertido si dejas escribir a los que sí saben hacerlo.



26 julio, 2007



Café de luces espesas,
salta la noche en astillas,
cuando las últimas sillas
son bosque sobre las mesas.
Es muy tarde. Tú me besas
olvidada del horario.
Un camarero, corsario
del tiempo, nos mira frío.
Yo busco desde el vacío

otro reino imaginario.

Luis García Montero




La décima de García Montero merecía darle el nombre a este blog. Sólo por las horas pasadas en los bares y cafés y por aquellos que han sabido y saben convertir un bar a punto de cerrar en un bosque. Pero también porque este poema lo oí, y no lo leí (algo extraño en el mundo de una filológa) en un programa de radio que tiene su propia historia. Y quizá porque nunca está de más guardar un reino imaginario de más en la recámara.

Imagen: Van Gogh, "Exterior de café, de noche"
La idea de hacer un blog nace de este verano sin playa, en el que las noches no pueden alargarse mucho porque hay que trabajar al día siguiente. También nace de cierto aburrimiento en el trabajo y de un insomnio persistente. Nace de una ciudad vacía a la que no hubiera regresado. Nace de la apatía estival. Nace de la nostalgia por esa Salamanca en la que estado un año viviendo. Nace por la necesidad de decir, de las pocas ganas de hablar y, seguramente, también por cierta debilidad exhibicionista que todos llevamos dentro.