19 junio, 2014

6 motivos para volverse un poco anglófilo

Por circunstancias de la vida, he pasado el último mes en Winterfell Leeds, una ciudad antiguamente industrial, hoy estudiantil, y fea de cojones, en el norte de Inglaterra. Lo normal en estos casos es poner a parir el horrendo clima, la grasienta comida y lo poco agraciados que son los hijos de la pérfida Albión. Felicidades, joven español, ya eres tan original como el resto de tus compatriotas que aspiran a servir cafés en Londres mientras ponen a parir un lugar que, a diferencia de la madre patria, les ofrece trabajo precario y posibilidades, no siempre reales, de aprender inglés. Allá tú con tu nivel medio y tu añoranza del sol y el jamón. Yo, por mi parte, voy a romper una lanza en favor de esta patria extraña en la que conducen al revés y han tenido el santo morro de desarrollar sin vergüenza ninguna un término como overseas para designar a todos aquellos seres que, incomprensiblemente, no viven en una maldita isla. Ahí van seis pedestres razones para ser un poco anglófilo. Que me perdonen los franceses, con lo que yo los quiero y la caña que les he metido en este blog. 

Sí, también inventaron lo del keep calm.

6. El curry 
Vale, la comida inglesa es una mierda, aunque esté harta de ver a un montón de españoles como moi-même comer fish and chips a dos carrillos y hartarse de hamburguesas cerdas en un pub, que por otro lado es uno de los mejores placeres de la vida. El espíritu imperialista de la Gran Bretaña, consecuencia de dos elementos clave para desarrollar un auténtico poder postcolonial, a saber, que el país es una mierda y ellos son una panda de ladrones, ha convertido las Islas en el paraíso de la comida que antaño preparaban únicamente en sus colonias. En un terreno relativamente pequeño y sin los molestos inconvenientes de ir a la India (hay indios, y la mayoría son pobres) cualquier puede ponerse las botas con toda clase de currys de cualquier parte del Indostán. Los hay para todos los gustos: vegetarianos, con carne, más o menos picantes y a precios más que razonables. Así que tú, gordo español, deja de dar por culo con el jamón y abraza las ventajas del postcolonialismo. 

5. La educación
Los españoles somos marchosos, fiesteros y abiertos de mente. O eso dicen las agencias de turismo que atraen a jóvenes británicos a emborracharse hasta el coma etílico todos los veranos en Barcelona. Lo que no dicen es que somos unos maleducados. Impresión que mis queridos franceses también comparten. Aquí no funciona el gritar, levantar la mano y exigir la cuenta. Ni el pegar codazos en el metro. Es verdad que pueden ser unos auténticos y gélidos cabrones, pero un inglés siempre te tratará con respecto, de dirá sorry, thank you, may I... aunque te esté apuñalando. Y ya saben ustedes lo importantes que considero yo las formas. 

4. Las colas
Curiosa costumbre de la que los catetos españoles tendemos a reírnos y que desespera a los británicos cuando vienen a comer paella congelada y a pagar un riñón por una sangría Don Simón a nuestro incomparable país. Olvídense de hacerse los listos en una barra de bar: los camareros controlan quién va primero, e incluso en un estado alcohólico, por otra parte habitual en un pub, a un inglés jamás se le ocurrirá colarse y pedir su doceava pinta antes que tú. Cosa muy de agradecer cuando dos cientas personas se agolpan en busca de alcohol en un espacio pequeño. 

3. El clima
Vale, el clima es una mierda, no hay discusión posible. El cielo suele ser gris, llueve y un español recién llegado no entiende la capa de superpoderes que protege a los ingleses y que les evita llevar paraguas. Hasta que un día hace viento, te jode el paraguas y empiezas a renovar todo tu vestuario pensando en lo prácticas que son las capuchas. Concedido. Pero también es cierto que los humanos, por el momento, no somos gremlins, y no pasa nada si nos mojamos, incluso después de la medianoche. Además, gracias a ese clima-de-mierda que tanto nos gusta criticar el verde predomina incluso en ciudades grises de cuerpo y espíritu como Leeds. Y a veces sale el sol, y entonces de repente todo adquiere un color nuevo y a uno se le ensanchece el alma un poquito, que diría Jebediah Springfield. 

2. Las inglesas visten como zorras son increíblemente horteras
Da igual que este sea el país del tweed. Las normas básicas de la armonía estética no rigen la psicología femina inglesa. Curioso, también, porque es sobre todo una cuestión que atañe sobre todo a las mujeres. A primera vista, la combinación de colores propia de un daltónico, el exceso de tacones, maquillaje y minifaldas que dejan poco a la imaginación puede suponer un shock para el español medio, víctima de un imperio Zara que provocó que en España pasásemos de vestir como una república soviética a parecer toda la misma dependienta de boutique con aspiraciones a emular el ñoño estilo de Sara Carbonero. Una vez superado el trauma visual, yo llegué a la conclusión de que era lo más liberador del mundo. Primero, porque a las inglesas les da igual pesar cuarenta que cien quilos: ellas lucirán cacha aunque estemos a cinco bajo cero. Segundo, porque cuando viví en París me sentía una vagabunda con sobrepeso cada vez que salía a unas calles plagas de Carlas Brunis en potencia, caracterizadas por la innegable elegancia francesa y la urgente necesidad de comerse un cocido. Aquí da absolutamente igual lo que me ponga: siempre voy mejor que ellas, y un poquito menos putón. Y a veces incluso las envidio por su infinita capacidad de desprecio a cualquier canon de belleza que suponga tapar un centímetro de piel de más. 

1. Las cervezas, los pubs y el poder empezar a beber a las cuatro de la tarde
En primer lugar, los ingleses beben como si no hubiera un mañana. Y empiezan a hacerlo muy pronto. También es verdad que los pubs cierran pronto, como a las 11, pero a esa hora uno ya está perfectamente borracho para poder haber olvidado todas las penas del día. De hecho, el alcoholismo es uno de los problemas más acuciantes del país, y creo que la esencia está precisamente en eso: en España no te puedes emborrachar un martes, porque empezando con suerte a beber a las 8 de la tarde, al día siguiente no hay manera de ser persona digna. Aquí, si uno se va a dormir toñado a las 10 de la noche, a las 8 de la mañana del día siguiente está como una rosa... y vuelta al pub al salir del trabajo. Además de beber más, beben mejor cerveza que nosotros: una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida ha sido descubrir la infinita variedad de ales que tiene cualquier pub: en cada lugar son distintas, cada pueblo o a veces incluso cada bar tiene sus propias variedades. Y todas suelen estar tremendas. Además, tienen menos graduación que las mierdas (léase especialmente Mahou y San Miguel) que bebemos habitualmente en España, por lo que una puede cascarse alegremente dos litros de cerveza y seguir manteniéndose de pie. God save the Queen*.


* Y no olviden que ellos inventaron el punk.  

2 comentarios:

Ubeinn dijo...

Propongo humildemente como 7 y 8 indistintamente a los Iron Maiden y Doctor Who. Por otra parte estoy totalmente de acuerdo con el punto sobre las inglesas. Cuando Aida y yo estuvimos en Londres hará dos años al volver al aeropuerto de Gatwick para embarcar de regreso nos cruzamos con EL IDEAL PLATÓNICO de chav: una chica bajita, rotunda, con una melena rubia con más raíces que cerveza moderna recogida por un lazo dorado, una chaqueta de chándal rosa furcia y dos tallas demasiado pequeña, mallas estampadas de leopardo, unos taconazos de aguja blancos y más metal encima que Mr. T en sus años mozos.

Miss Ántropa dijo...

Así son ellas. Discretas a la par que elegantes.
Suscribo los puntos 7 y 8 totalmente.