28 octubre, 2012

La grisaille de París



En este pequeño reino sin huéspedes
todo se esfuma
si cierras la venta, si despiertas.
Si no miras 
arriba
al cielo.

(Félix Hangelini, 28 de octubre de 2011)

Vuelvo al blog, con lavado de cara y retransmitiendo desde París. Llevo desde junio pensado mucho en el futuro de este espacio, si valía la pena, después de la última entrada, volver a escribir nada más. Y aunque no es mi intención, Félix me obliga otra vez a volver a escribir, porque hoy hubiera cumplido treinta y cinco años y si estuviera vivo ni hubiera pensado en ese detalle. Así que, técnicamente, supongo que podría haber elegido cualquier otra fecha, aunque su ausencia está tan incorporada a mi cotidianidad que no sé hasta qué punto necesito efemérides. 
Supongo que tiene que ver con el estar en París. De París se ha escrito tanto que cualquier cosa que se diga sonará tan tópico como un llavero de la Torre Eiffel. Aunque básicamente, puede resumirse en una frase: París es tan gris que los franceses se han inventado un término propio como grisaille, que vendría a ser un concepto cromático, pero que también puede referirse a la monotonía como forma de vida. Eso es París, grisaille pura y dura. Y justo hace un año, Félix hablaba en su blog del cielo de Madrid, que vendría a ser todo lo contrario al de aquí. Y hace unos meses, me felicitaba por la beca que me permite estar aquí: "ya te tocará parisear un pelín". De repente, me doy cuenta de que él también tuvo un tiempo parisino, y que nunca pudimos hablar de París, de los franceses, lo difícil que es conseguir piso y lo infausta que es la Bibliothèque nationale de France, donde seguramente se tuvo que pasar la mayor parte de su estancia. 
También me doy cuenta de que la semana que viene tengo un congreso en Cádiz, a cuyas organizadoras les tuve que pedir que sacaran el nombre de Félix del programa, y es desesperante lo fácil que puede llegar a ser borrar un nombre, así que ahora lo único que puedo hacer es pronunciarte a menudo y no sólo en el día de tu cumpleaños, para conjurar, desde el cielo de París hasta el de Cádiz, la posibilidad de que nadie pueda volver a borrarte de ningún sitio.

Imagen original Reuters/Éric Gaillard.