03 julio, 2011

¿Quién dijo cyborg?

Hace calor, es domingo y no tengo otra cosa mejor que hacer que preparar una sesión de un curso de verano en la que me tendré que dedicar a convencer a sus asistentes sobre las maravillas de la artificialidad, el consumo y las siempre conflictivas relaciones que mantienen con el género femenino. Ah, claro, y todo esto contextualizado a finales del siglo XIX, que, total, ya lo habían inventado antes. Como siempre. 
Dejando de lado mi opinión sobre los cursos de verano (en serio, hace calor, además de que valen una pasta y su idiosincrasia no permite profundizar mucho en ningún tema) el asunto siempre me ha interesado y lo he trabajado desde varios frentes en muchas ocasiones. Normalmente la gente suele ponerse de los nervios al encontrarse a una feminista extraña como servidora que les habla del consumo como algo estupendo y divertido que permitía a un montón de señoras del siglo pasado construirse a través de los esplendores de la artificialidad. Supongo que si yo me viera desde fuera también me encontraría rara. Claro que todavía alucinan más cuando ven a mi Guía Espiritual decir que Cindy Sherman es un mal plagio de la Condesa de Castiglione, y que Lady Gaga no ha hecho nada que no hubiera hecho en su día Sarah Bernhardt.
Pero a lo que iba, en realidad, todo esto viene motivado porque preparando el power point, me he ido encontrando unas imágenes que demuestran, one more time, que no hace falta pensar en postmodernos tecnohumanos cuando leemos a Donna Haraway, sino que el asunto de la articialidad y las intervenciones tecnológicas sobre el cuerpo son algo que forma parte de la propia noción de cuerpo. 



Finales del XIX. Las imágenes son una muestra de dos de los muchos anuncios en prensa que anunciaban productos para mejorar el pecho femenino. Ni cirugía estética ni leches. Electricidad. Pastillas. Lo de la electricidad es algo especialmente fascinante, ya que los finiseculares la usaban tanto para curar la locura como para ponerle a una tetas nuevas. A lo que quiero llegar con esto es a la conclusión de siempre: la postmodernidad ya existía hace cien años. Porque al ver estas imágenes no puedo evitar, primero, acordarme de Nip/Tuck y lo mucho que echo de menos al Dr. Troy. Segundo, volver a la idea de que cyborgs somos todos (ponerle música kumbayá y cantar agarrados de las manos) y que por lo tanto un cyborg no es un robocop, sino cualquier cuerpo que aspira a ser algo más que un filete. Tercero, en realidad todo este post es una excusa para colgar imágenes frikilológicas que me fascinan, porque yo me voy a inclinar más en el curso hacia las señoras en pantalones y las señoras desnudas. De hecho, a ellas me las guardo para el próximo post, porque entre mi regularidad actualizando y este estúpido calor, las voy a necesitar. 
Les invitaría a todos a venir al curso, pero por lo visto la UAB, en su siempre acogedora política de hacer caja, me ha puesto problemas para traer gente que no haya soltado el dineral que vale el curso. Así, que, en todo caso, invitaré a beber a todo el que se persone después, prometiendo a cualquier interesado que puedo improvisar gratis y en versión cerveza-en-la-mano-cigarro-en-la-otra la misma conferencia, seguramente en una versión bastante mejorada.