05 junio, 2011

Fe de erratas

Como recitificar es de sabias, y yo aspiro a que el sistema académico me ratifique como tal, debo decir en aras de la verdad ficción que servidora, quien en el anterior post bramó en contra de Ortega y Gasset y sus discípulos, descubrió hace poco que citaba con fruicción al mismo en nada más y nada menos que un comentario de texto de último año de carrera sobre la novela del XIX. 
Todo vino por culpa de un acto de fe de relectura de una serie de exámenes y ejercicios que hice en mi último año de carrera. Nuestra querida Montse Amores, que nos tenía por alumnas aventajadas, tuvo a bien a retornarnos hace poco a mi señora compañera de piso y a mí toda la producción que con sangre, sudor y lágrimas le ofrecimos en una asignatura de narrativa del XIX que cursamos el último año de nuestras malogradas carreras. Obviamente, releer lo que decía sobre el XIX en el (in)feliz tiempo que no sabía que me iba a dedicar a ello era un acto demasiado obsceno para pasarlo de largo. Así que la citada Sra. de Bringas y yo nos pusimos manos a la obra, previa ingesta de una botella de vino, y cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que nuestro nivel de pedantería en cuarto de carrera rozaba lo insoportable. 
A lo que iba, dentro de mis insulsas reflexiones sobre la formación de la novela decimonónica, descubrí con horror que citaba una y otra vez las Meditaciones del El Quijote con ánimo de demostrar, supongo, mi vasta cultura y el amplio dominio de la intertextualidad que creía poseer. Curiosamente, eso me lleva a dos reflexiones: la primera, que hacerse mayor implica adquirir la escalofriante conciencia de saber que en el pasado fuiste una pimpina, con la escalofriante sospecha de que en un futuro pensaré lo mismo sobre el presente. La segunda, que hoy en día sigo haciendo lo mismo, pero con más gracia: fingir que se sabe más de lo que realmente se sabe, a través del excelso arte de la nota al pie de página. Y eso, señores y señoras, se llama tesis doctoral. Así que cuando mis alumnos me vuelvan a citar con fruicción a Ortega y Gasset, no me quedará otra esperanza que la de pensar que en un futuro quizá lleguen a ser concientes de su pedantería. Y eso, para los tiempo que corren, ya es mucho optimismo. 

1 comentario:

Yo dijo...

"fingir que se sabe más de lo que realmente se sabe, a través del excelso arte de la nota al pie de página"

Eso me suena a Pratchett xD