26 julio, 2010

De mayor quiero ser yaciente


Flor de histeria también me valdría, por tomar las palabras del siempre citado en exceso Rubén Darío. De hecho, el abandono evidente del blog es una evidencia de por qué necesito yacer urgentemente. Una mudanza y el trato habitual con el gremio de profesionales técnicos patrios -destacan albañiles, fontaneros y antenistas- la dejan a una con ganas de emular a la afortunada dama cuya imagen encabeza este texto. Es que el asunto de las mujeres postradas da para mucho. Vale que encarnan una serie de fantasías masculinas harto reprobables sobre la pasividad de los cuerpos femeninos. Vale que he descubierto que Bram Dijkstra es un hombre y eso me ha llevado a cierto estado de shock. Vale que me han dado una beca de investigación, recurso mediante, y eso es para celebrarlo bebiéndose hasta las copas de los árboles. Pero, o quizá debido a ello, a una le quedan ganas de convertirse en un cuerpo postrado en el  nuevo sofá de tres metros de largo y dedicarse a actos de autocontemplación que poco encajan en las veleidades patriarcales del fin de siglo. Me explicaré. La abundancia de imágenes finiseculares de mujeres tiradas por los suelos es escalofriante. Y sí, suelen responder a ciertos miedos de la época sobre el descontrol de los cuerpos. Sin embargo, también actúan como cuerpos maravillosos tan ensimismados consigo mismos, que al final corren el riesgo de terminar ajenos a la mirada masculina que los construye. De eso saben mucho las divas decimonónicas que tanto le gustan a mi guía espiritual, y sobre las que prometo un post en breve.
Pero yo quería hablar de postraciones imposibles. Digo imposibles porque a pesar de que andamos en plena época vacacional y según mi tele todo el mundo está de vacaciones y hace calor (que suerte que me avisen, no vaya a ser que se me ocurriera salir con abrigo de armiño a la calle), yo no lo estoy. Eso es algo que cuesta de transmitir. Que en pleno mes de agosto resida en mi casa y no vaya a trabajar no significa que esté de vacaciones. Significa que estoy trabajando en un entorno no hostil. Y yacer en el sofá leyendo a según que insignes polígrafos españoles no conduce al reposo, sino a la ira. Dicho esto, tampoco entiendo la obsesión que hay en este país por irse de vacaciones en agosto. Meterse en lugares en los que hay más gente de lo habitual nunca fue una de mis actividades de preferencia. En general, la gente nunca ha sido una de mis preferencias. Y, viendo de nuevo a la señorita de arriba, no me digan que no les entran ganas de estirarse en un diván y soñar con que tienen la ropa adecuada para emularla. A mí sí.

4 comentarios:

Pascu dijo...

ya sé que a lo mejor suena poco habitual, pero creo que tengo vocación de hombre yaciente. Creo que Homer Simpson puede ser un precedente, aunque poco elegante. Además, aceptaría con gusto ser amo de casa si alguna señora se digna mantenerme.
Interesante tu blog. también comparto tu sentir hacia los lugares con demasiada gente, o la gente en general.
Un saludo

Alba dijo...

¡Gracias Pascu! Homer Simpson también puede ser un modelo de vida, menos elegante, ciertamente.

uncuervo dijo...

yo sí quiero emular a la mujer de la imagen. con ropa y todo. es que yacer es un verdadero arte, querida, no cualquiera puede hacerlo... respecto al calor... bueno... el calor genera hueva. y viceversa. y un beso. y ya.

Pandora_cc dijo...

Yo también quiero ser yaciente, y emular a la señorita.
Un saludo!