03 marzo, 2010

Más tiros. Menos burocracia.

Amy Bishop Anderson. Recuerden este nombre porque, además de haberse hecho un hueco en la larga historia de las matanzas estadounidenses, esta mujer acaba de inaugurar una tradición que, creo yo, va a ser amplia y fructífera. Esa mujer de ahí arriba ha sido condenada por los medios de comunicación, lo será pronto por un juez y seguramente terminará sus días frita en la silla eléctrica. Consecuencias normales cuando una se presenta armada en la reunión de departamento y se lia a tiros con sus colegas. Sin embargo, todos estamos equivocados. Esa mujer es una heroína visionaria. Puede que algo tarada, pero eso en todo caso le añade heroicidad, en vez de restársela. Antes de que empiecen a considerarme la nueva Amy Bishop española -en su blog profirió amenazas diversas y admiración hacia asesinos psicópatas, dirán los periódicos algún día- déjenme explicarme. Mis andanzas por el mundo académico me han llevado a la conclusión (y no sólo a mí) que, teniendo en cuenta el grado de alienación al que la universidad puede llegar a someter a un investigador, lo más extraño es, de hecho, que haya tan pocas matanzas como la performada por la Bishop. Tomemos el caso de esta buena señora. Imagínense que ustedes han pasado los últimos veinte años de su vida formándose e investigando para llegar a ser los mejores en su campo. Privaciones, becas míseras, sueldos más míseros, aguante de imbéciles para lograr una publicación, un congreso, otro dato en el currículum, vacaciones escasas. Sin embargo, su intento no ha sido en vano: se ha doctorado en Harvard, la comunidad científica la respeta y se ha convertido en una reputada neuróloga con una amplia trayectoria. Claro, se lo merece. Ahora resulta que, por motivos X, usted debe obtener una plaza de titular en una universidad casposa de Alabama. Recuerde, usted estudió en Harvard, estamos hablando de Alabama. De repente, le comunican que, por oscuros motivos poco académicos -pues es imposible que se deba a motivos de currículum, insisto en lo de "Alabama"- le comunican que no le van a renovar la plaza. Cualquiera de nosotros pensaría en agarrar una escopeta (o sus variantes en forma de motosierra, lanzallamas o granada de mano) y liarse a tiros con esa panda de mediocres que ocupan los despachos adyacentes. Yo misma llevo meses pensando en irrumpir en el AGAUR cargada de dinamita, mientras que las fantasías motosierriles de mi Guía Espiritual son ya un clásico en el imaginario colectivo. La única diferencia con Amy Bishop es que ella sí lo hizo, apuntando concienzudamente a las cabezas de sus ya ex compañeros de despacho con un revólver de 9 mm. 

Sí, queridos, Amy Bishop me fascina tanto como los criminales, locos y degenerados del XIX. Y su envidiable acción no deja de ser una muestra de que las teorías lombrosianas sobre el medio están más en boga que nunca: el mundo académico crea alienación, criminalidad y psicopatías de toda clase. La pregunta que me hago es ¿cuánto tardará en aparecer nuestro psicópata patrio? Porque, no lo duden, la Bishop ha instaurado una tradición que no ha hecho más que empezar: becarios sin beca, doctorandos parias, doctores en paro... dejad las lamentaciones, el alcoholismo, los trabajos de mierda y la diplomacia a un lado. Agarrad lo primero que tengáis a mano y dadle sentido a vuestra existencia. Más tiros. Menos burocracia.

3 comentarios:

"La decimonónica" dijo...

Dejando a un lado la apología a la violencia que respira el texto, entiendo perfectamente a la Bishop. Ya sabes que yo le haría un grupo en facebook y alegaría resistencia y paciencia a partes iguales como atenuantes en el juicio. La gran pregunta es ¿por qué es legal ascender académicamente vía sexual y no a través de la violencia? Unas pierden la dignidad y otras la libertad o la vida... yo no veo la diferencia. Ya me imagino el Departamento como el Imperio romano, sucesiones sospechosas, "muertes" repentinas, traiciones por doquier... ah, no! si eso ya pasa... pues nada sólo nos queda ir decidiendo el arma, el resto creo que corre a cuenta de la Institución pública.
Ánimos

Alba dijo...

¡Arsénico! ¡Cicuta! ¡Que vuelvan los Borgia!

aranadelytis dijo...

yo lo pensé tantas veces con mis jefes