31 diciembre, 2009

Feliz 2010


Jean-Martin Charcot y su elenco de histéricas
(entre las que servidora se incluye)
les desean
un Feliz 2010*



*En realidad no, pero siempre es adecuado seguir el decoro.

15 diciembre, 2009

Nadie sabe lo que puede un cuerpo

Es invierno, hace frío y estamos en crisis. Por si fuera poco, los bares insisten en cobrar las cañas a tres euros. Estoy segura que la Revolución Francesa empezó por menos, aunque ése hoy no es el tema. Ya que la climatología invita a no moverse mucho, logren un ejemplar de la antología de poesía femenina sobre el cuerpo que ha compilado mi Ángel de la Guarda. Róbenla, fotocópienla o vayan a leerla a una librería discretamente, a dos poemas diarios. No hace falta que repita a estas alturas mis obsesiones con el cuerpo: el que quiera saberlas, que lea el epílogo para curiosos, incluido al final del libro y erigido en auténtico cuerpo del delito.

Y sólo para abrir boca y sin ánimo de atentar contra los derechos de autor, me quedo con tres versos de María Eloy-García en los que afirma que "absurdo lo platónico / rechazado lo ideal / sólo me quedan los huesos / la calavera / ésa que asiente cuando parezco estar de acuerdo".

Dicho queda.

05 diciembre, 2009

Facebook, o el enésimo post sobre identidades virtuales

Creo recordar haber escrito sobre Facebook en algún tiempo lejano y remoto. Rebuscando en el archivo del blog, además de sufrir vegüenza por las tonterías escritas hace años y aprovechar para borrar esos posts que nunca debí haber publicado, he encontrado dos entradas que hacían referencia a ese invento de Satán que son las redes sociales. En la primera reniego de Facebook, después de afirmar hipócritamente que me acabo de crear una cuenta. En la segunda, meses después, hago referencia a las horas que me pasaba haciendo tests absurdos en el trabajo. No era pereza, era boicot al capitalismo. Si tuviera que seguir una línea progresiva, aunque no sabría decir hacia dónde progresa, hoy debería escribir una oda a Facebook. Pero para eso ya está el artículo que Maruja Torres publicó en el cada vez más cool e insoportable suplemento dominical de El País. Mis inquietudes van por otros derroteros, y surgen después de deterneme a pensar sobre el hecho de colgar quinientas fotos de mi viaje a México. ¿Cuál es camino que lleva de este acto, igual de anodino y aburrido que la muestra sistemática del álbum/video de boda que reinó en las décadas anteriores, a las teorizaciones sobre nuevas identidades digitales que llevan a cabo sesudos teóricos que no saben encender un proyector? La respuesta, a mi entender, es sencilla: lo sesudos teóricos no lo son tanto, porque no hay ningún camino a recorrer. Pero la tentación de llenarse la boca con términos como "cibercultura" y "virtualidad" a veces es difícil de evitar. Por ello y antes de exponer mi propia teoría, debo volver a acudir a las santas palabras de mi Guía Espiritual, que empezó escribiendo sobre blogs e identidades virtuales y acabó diciendo que eso ya lo hacían los decimonónicos, y que menos cuento. Y se quedó tan ancha. Por cosas así la declaré Guía Espiritual, y si el mundo académico todavía no la ha metido en una gruta a proferir oráculos es porque el universo nunca ha funcionado a derechas. Gamberrismos aparte, mi señora corruptora tiene mucha razón al afirmar que no hay que rasgarse las vestiduras con esto de las identidades virtuales. Las identidades, queridos, siempre han sido una cosa muy virtual, muy sujeta a la prótesis y a la tecnología, que no tiene por qué ser exclusivamente informática. Que se lo digan a mis queridas Isidora Rufete y Rosalía de Bringas, o a la Audrey Hepburn de Breakfast at Tiffany’s cuando dice lo de "I'm not Holly! I'm not Lula Mae either. I don't know who I am. I'm like Cat here. We're a couple of no-name slobs. We belong to nobody, and nobody belongs to us. We don't even belong to each other". Frase, que, por cierto, tiene encantada a mi hermana del alma, que la analiza divinamente en su blog no menos divino.
Y aquí es donde entra mi teoría, que nunca verá la luz académica. Personalmente, creo que estamos en una fase de transición en cuanto al uso de internet. Me explicaré: lo primero que hacía todo usuario de internet hace diez años al comprarse un ordenador y estrenar conexión de módem era meterse en un chat a mentir sobre su género y edad. Ese fue el momento de los sesudos teóricos para decir estupideces del tipo: "el cuerpo se disuelve en internet", "la identidad se torna maleable" o "cambia el concepto de sujeto". Error. La prueba está en que pocos años después en los chats sólo hay obsesos sexuales variopintos en potencia. A chatear al Messenger, con los conocidos habituales. Crearse personajes demasiado alejados se ha revelado como algo cansino, y por otro lado bastante aburrido. Mentir siempre ha requerido de un nivel de imaginación que sólo poseen los escritores y los psicópatas. En Facebook preferimos poner nuestro nombre, nuestras fotos de las vacaciones, una foto de perfil en la que se nos reconozca y tirando millas. Nos ha dado un ataque de panoptiquitis (Guía Espiritual dixit, again). De la ocultación total "que-nadie-sepa-que-soy-yo" a una exhibición igual de anodina que nuestras vidas. Facebook es peor que el realismo decimonónico, porque supone una distancia aparentemente menor entre la palabra, la imagen y su referente. Ni siquiera es hiperrealismo. Me atrevería a llamarlo costumbrismo, porque es igual de aburrido que los artículos de Mesonero Romanos. La identidad sigue siendo virtual e inestable pero no gracias a internet. De hecho, me temo que Facebook genera el efecto contrario: acá mi vida, acá mis amigos, acá mis fotos, acá mis intereses. Un panorama que pretende ser total y sintético de un sujeto. Quizá sí, que el realismo y Facebook tengan las mismas pretensiones ingenuas. Para que luego no digan que no lo habían inventado en el XIX.

Y de regalo, un gran video que lleva años circulando...

03 diciembre, 2009

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.