26 febrero, 2009

Cuerpos enfermos

Bueno, en realidad ahora mismo solo hay un cuerpo enfermo que me importe, y es el mío. Después de una escapada increíble de tres días a Salamanca (a pesar de todo valió la pena, Fortu) y que merecerá su propia entrada, Dios castiga mi ateísmo empedernido mandándome las siete plagas que asolaron a Egipto. Eso y un conato de gripe que me obliga a pasar mis últimos días en Madrid cobijada en el humilde hogar de Regina Amparo Sánchez Emperador, convertida en un cuerpo yacente y febroso que sólo sabe toser y consumir paracetamol. En cuanto mi cabeza deje de ser un tablao flamenco, crónica sentimental de Salamanca.

21 febrero, 2009

Pongamos que hablo de Madrid

Finalmente la expedición catalana llegó a Madrid, viento en popa a toda vela, y logró tomar posesión de la Villa. Primera parada, Lavapiés, en donde llegué a la conclusión que la caña debería erigirse como bebida nacional y figurar en el ilustre panteón de inventos patrios entre Cervantes y la Pantoja.
Al día siguiente, Amparo Sánchez Emperador y Rosalía de Bringas me dejaron a mi aire en la capital, para marcharse a provincias y ponerse tibias en un antiguo convento reconvertido en discoteca garrulesca. Veáse Camelot, Salamanca. Dejada de la mano de dios en la capital de España, he sacado a la cultureta freak que llevo dentro y me he dedicado a visitas museísticas. Nada de Prado ni de Reina Sofía, que los tenía muy vistos. Ayer el Museo del Traje, donde me deleité con los trajes decimonónicos y me dejé llevar a un paraíso de cuerpos encorsetados. Impagable la mirada de desprecio de la snob de la tienda de regalos, desgraciada de mí, que oso entrar en el templo de la moda vistiendo tejanos.


Para hoy había reservado mi vena más folclórica: exposición sobre la copla en la Biblioteca Nacional. Dos datos reseñables. Uno, yo debía ser la única menor de cuarenta años en la sala. Dos, hasta los respetables miembros destinados a velar por nuestra seguridad, esos entrañables prosegur, tarareaban las canciones que sonaban en la sala. Observaciones irrelevantes aparte, la muestra estaba bien piensada, era breve pero interesante y abarcaba hasta los discos de nuevas versiones como Concha Buika, que tantos frutos me han dado en algún que otro trabajo del máster. Además, ofrecía una muestra bibliográfica que, a pesar de ser muy básica y muy políticamente correcta, resultaba bastante inspiradora. Coplera rematada, me ha lanzado al Parque del Retiro novela galdosiana en mano. Dios, esta ciudad me pone decimonónica perdida...