15 diciembre, 2009

Nadie sabe lo que puede un cuerpo

Es invierno, hace frío y estamos en crisis. Por si fuera poco, los bares insisten en cobrar las cañas a tres euros. Estoy segura que la Revolución Francesa empezó por menos, aunque ése hoy no es el tema. Ya que la climatología invita a no moverse mucho, logren un ejemplar de la antología de poesía femenina sobre el cuerpo que ha compilado mi Ángel de la Guarda. Róbenla, fotocópienla o vayan a leerla a una librería discretamente, a dos poemas diarios. No hace falta que repita a estas alturas mis obsesiones con el cuerpo: el que quiera saberlas, que lea el epílogo para curiosos, incluido al final del libro y erigido en auténtico cuerpo del delito.

Y sólo para abrir boca y sin ánimo de atentar contra los derechos de autor, me quedo con tres versos de María Eloy-García en los que afirma que "absurdo lo platónico / rechazado lo ideal / sólo me quedan los huesos / la calavera / ésa que asiente cuando parezco estar de acuerdo".

Dicho queda.

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