05 diciembre, 2009

Facebook, o el enésimo post sobre identidades virtuales

Creo recordar haber escrito sobre Facebook en algún tiempo lejano y remoto. Rebuscando en el archivo del blog, además de sufrir vegüenza por las tonterías escritas hace años y aprovechar para borrar esos posts que nunca debí haber publicado, he encontrado dos entradas que hacían referencia a ese invento de Satán que son las redes sociales. En la primera reniego de Facebook, después de afirmar hipócritamente que me acabo de crear una cuenta. En la segunda, meses después, hago referencia a las horas que me pasaba haciendo tests absurdos en el trabajo. No era pereza, era boicot al capitalismo. Si tuviera que seguir una línea progresiva, aunque no sabría decir hacia dónde progresa, hoy debería escribir una oda a Facebook. Pero para eso ya está el artículo que Maruja Torres publicó en el cada vez más cool e insoportable suplemento dominical de El País. Mis inquietudes van por otros derroteros, y surgen después de deterneme a pensar sobre el hecho de colgar quinientas fotos de mi viaje a México. ¿Cuál es camino que lleva de este acto, igual de anodino y aburrido que la muestra sistemática del álbum/video de boda que reinó en las décadas anteriores, a las teorizaciones sobre nuevas identidades digitales que llevan a cabo sesudos teóricos que no saben encender un proyector? La respuesta, a mi entender, es sencilla: lo sesudos teóricos no lo son tanto, porque no hay ningún camino a recorrer. Pero la tentación de llenarse la boca con términos como "cibercultura" y "virtualidad" a veces es difícil de evitar. Por ello y antes de exponer mi propia teoría, debo volver a acudir a las santas palabras de mi Guía Espiritual, que empezó escribiendo sobre blogs e identidades virtuales y acabó diciendo que eso ya lo hacían los decimonónicos, y que menos cuento. Y se quedó tan ancha. Por cosas así la declaré Guía Espiritual, y si el mundo académico todavía no la ha metido en una gruta a proferir oráculos es porque el universo nunca ha funcionado a derechas. Gamberrismos aparte, mi señora corruptora tiene mucha razón al afirmar que no hay que rasgarse las vestiduras con esto de las identidades virtuales. Las identidades, queridos, siempre han sido una cosa muy virtual, muy sujeta a la prótesis y a la tecnología, que no tiene por qué ser exclusivamente informática. Que se lo digan a mis queridas Isidora Rufete y Rosalía de Bringas, o a la Audrey Hepburn de Breakfast at Tiffany’s cuando dice lo de "I'm not Holly! I'm not Lula Mae either. I don't know who I am. I'm like Cat here. We're a couple of no-name slobs. We belong to nobody, and nobody belongs to us. We don't even belong to each other". Frase, que, por cierto, tiene encantada a mi hermana del alma, que la analiza divinamente en su blog no menos divino.
Y aquí es donde entra mi teoría, que nunca verá la luz académica. Personalmente, creo que estamos en una fase de transición en cuanto al uso de internet. Me explicaré: lo primero que hacía todo usuario de internet hace diez años al comprarse un ordenador y estrenar conexión de módem era meterse en un chat a mentir sobre su género y edad. Ese fue el momento de los sesudos teóricos para decir estupideces del tipo: "el cuerpo se disuelve en internet", "la identidad se torna maleable" o "cambia el concepto de sujeto". Error. La prueba está en que pocos años después en los chats sólo hay obsesos sexuales variopintos en potencia. A chatear al Messenger, con los conocidos habituales. Crearse personajes demasiado alejados se ha revelado como algo cansino, y por otro lado bastante aburrido. Mentir siempre ha requerido de un nivel de imaginación que sólo poseen los escritores y los psicópatas. En Facebook preferimos poner nuestro nombre, nuestras fotos de las vacaciones, una foto de perfil en la que se nos reconozca y tirando millas. Nos ha dado un ataque de panoptiquitis (Guía Espiritual dixit, again). De la ocultación total "que-nadie-sepa-que-soy-yo" a una exhibición igual de anodina que nuestras vidas. Facebook es peor que el realismo decimonónico, porque supone una distancia aparentemente menor entre la palabra, la imagen y su referente. Ni siquiera es hiperrealismo. Me atrevería a llamarlo costumbrismo, porque es igual de aburrido que los artículos de Mesonero Romanos. La identidad sigue siendo virtual e inestable pero no gracias a internet. De hecho, me temo que Facebook genera el efecto contrario: acá mi vida, acá mis amigos, acá mis fotos, acá mis intereses. Un panorama que pretende ser total y sintético de un sujeto. Quizá sí, que el realismo y Facebook tengan las mismas pretensiones ingenuas. Para que luego no digan que no lo habían inventado en el XIX.

Y de regalo, un gran video que lleva años circulando...

3 comentarios:

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Me ha egustado mucho este post tuyo, realmente crítico y profundo a la vez que realista y mordaz. Llevas mucha razón, en internet se ha pasado de la ocultación de la propia personalidad a la ostentación de la misma hasta el más mínimo detalle y al final...¿para qué? Me agrego como seguidora a tu interesante blog. Un besote y feliz domingo.

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Y perdón por la errata, veo que he escrito "egustado", jeje, en lugar de "gustado". En fin, esas "erratas de biblioteca", jaja

Alba dijo...

¡Gracias por los elogios!