08 agosto, 2009

Matar al ángel

Y a pesar de ciertas sospechas que rondan entre ciertas decimonónicas contemporáneas, resumidas en grandes pensamientos como el de "esto con la calceta no pasaba" y "me dan ganas de aprender a hacer macramé", así como perversos deseos expresados en el núcleo de los Macumba Studies acerca de querer emular a Clarice Lispector con un marido diplomático, y aunque en el fondo Sinués y la Grassi tienen cierta gracia, derivada del mérito que supone defender a la mujer como madre y esposa mientras una es escritora y no ha tocado jamás una aguja de coser, conviene, no obstante, recordar de vez en cuando a los clásicos. Y en estas cuestiones nadie como Virginia Woolf, que, con el permiso de Nicole Kidman, supo matar al ángel del hogar de forma sublime. La cita me la ha proporcionada mi hermana del alma, que sabe mucho de ángeles sin alas. Para releer cuando sientan terribles deseos de convertirse en un ángel del hogar, algo demasiado habitual cuando una pulula por los márgenes de la jungla académica.

Y cuando empecé a escribir, topé con ella justo con las primeras palabras.
La sombra de sus alas tapaba la página, yo oía el crujido de sus faldas en mi cuarto...
E hizo ella el ademán de querer guiarme la pluma...
Me abalancé contra ella y la agarré por el cuello. Intente
con todas mis fuerzas matarla .
Murió de mala gana. Su naturaleza ficticia le ayudaba mucho.
Es mucho más difícil matar a un fantasma que a la realidad.

Virginia Woolf, "Profesiones para mujeres" (1931)

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