14 agosto, 2009

Degas, Facebook y excusas variopintas para escribir una entrada

En los ratos muertos que paso boicoteando al capitalismo (véase post anterior) tengo tiempo de sobra ya no sólo para escribir ponencias, sino para pasar de ellas y dedicarme a mi otra pasión oculta: hacer tests en Facebook. Que como pasatiempo sea algo estúpido es algo innegable, pero nadie dijo que acabar con todo un sistema bancario desde una centralita de teléfonos fuese sencillo. La cuestión es que hoy he dado con un test que, rompiendo con la tónica general, no era vomitivo. La cosa iba sobre identificarse con una pintura del XIX (esta vez he tardado medio párrafo en mencionar el siècle, voy mejorando) y me ha salido el insigne Edgar Degas. Me encanta la frase de "ta situation d’exception n’échappe pas aux critiques, souvent déstabilisées par ton avant-gardisme", que resume mi último año peleándome con una crítica más galdosista que el propio Galdós, a los cuales se les erizan los pelos cuando oyen cualquier palabra que no sea la suya o la de sus aguerridos discípulos. El tema es que, junto los tests de Facebook, la historia del arte es algo que me apasiona en la misma medida que desconozco. Así que he empezado a husmear por Google a ver qué encontraba. Una cosa está clara: Degas pintó bailarinas.

Y luego pintó más bailarinas.

Y luego hizo una escultura de una bailarina, pero a esas alturas ya me había cansado de ellas. Harta de tutús y lánguidas danzantes, me he ido a la Wikipedia (quién diga que nunca la mira miente como un bellaco) a por más información, que, igual que con el comentario virgiliano de infausta memoria, me ha iluminado algo. Información esencial: Degas abandona los paisajes naturales y se centra en espacios artificiales y urbanos, algo que, de entrada, ya se gana mis simpatías. Luego he descubierto, corroborando mis tesis sobre la mirada fascinada de todos los artistas del XIX, que también pintaba desnudos.

Aich, el cuerpo, el cuerpo femenino está por todas partes en todos los discursos de todas las artes decimonónicas. Pero los desnudos femeninos también están muy manidos, y que Degas fuese un pervertido no lo diferencia mucho del resto de sus correligionarios/as. Finalmente, y aunque he tardado un buen rato, he descubierto por fin unas cuantas pinturas de esas que me inspiran ganas de atravesar el lienzo y sacar el corsé y el abanico que llevo dentro. Voilà...

Ahí estoy yo, harta de tanta pardala con tutú, reclinada en una silla de madera, abstraída en la lectura como toda decimonónica que se precie. Que los cuadros en los que aparecen lectoras me vuelven loca no es ninguna novedad. Que la novela del siglo está llena de lectoras voraces que se vuelven locas tampoco. Basta con verme a mí, aunque tenga la pretensión de llamar algún día a esa locura "tesis doctoral". Si Lombroso me pillara por banda me mandaba directa a La Salpetrière. Claro que, obviamente, servidora no sólo vive de literatura y bibliotecas. La vida de bar es inherente a todo estudiante de letras que aspire a ser investigador. Más que nada porque no caer en el alcoholismo es difícil, tal y como está el patio académico. Ahí la tienen, meditando sobre no se sabe qué, sin esperar nada, con una copa de absenta delante:

Es una de las imágenes más deprimentes que he visto nunca, por lo que me resulta bastante inquietante mi identificación con ella. De todas formas, lo de transmutación en bebedora de absenta todavía está en un proceso que no culminará hasta finales de este mes. No digo más, pero hay una fiesta nónica de por medio que va a poner al gremio de los Macumba Studies mucho peor que a la señorita de arriba. Sólo falta una imagen que complete el dúo bares-literatura: el tocador. Se preguntarán, los que estén acostumbrados a mi estampa, qué interés puedo tener yo en tan insigne mueble. Básicamente, que es el centro de operaciones de cualquier artificialización decimonónica que se precie, que sobre los espejos y las burguesas hay mucho que decir y que nada me embelesa más que una dama mirándose a sí misma tan embelesada como yo la miro a ella.

Ya si eso otro día les cuento porque me interesa tanto la estética material del cuerpo ajeno y tan poco la del mío propio. En realidad es una cuestión de pereza: la estetización del cuerpo requiere de un ascetismo y una disciplina que yo no tengo. Y el poco que me queda lo dedico a los bares y las bibliotecas. Quién tuviera un tocador y todo el ocio burgués del mundo. Entonces podría dedicarme a cultivarme como dios manda ante un espejo. Mientras tanto, solo puedo conformarme con soltarle al mundo esa maravillosa frase que dijo Degas en su momento: "Il vous faut une vie naturelle ; à moi la vie factice".

2 comentarios:

tergiversando dijo...

Eeeeeeeeeh!! Felicidades desde el otro lado del Atlántico, perraca!! A mí me cayó la misma losa hace 2 días... Manana agarro el vuelo de regreso de Costa Gringa!! Juuuuuuuu... Nos la vemos...

Alba dijo...

¡¡Uuuuuoooo señorita Tergiversanda!! Muchísimas gracias. He estado siguiendo tus pasos costaricenses muriéndome de envidia. Bienvenida de nuevo a, buffff, dejémoslo en la bienvenida.