03 agosto, 2009

Boicoteando el capitalismo

Llega el mes de agosto, y mientras España entera corre a encandenarse al chiringuito más cercano a fin de salvarlos de la Ley de Costas yo, que siempre he sido muy dada a ir a contracorriente, me pongo a trabajar en una caja de ahorros. Con la que está cayendo ahí fuera, pensarán. Efectivamente, porque entre fusiones y crisis económicas ahora mismo soy la que está más tranquila dentro de este edificio: mientras yo sé que dentro de un mes volveré a estar en la calle, el resto de pringados que pululan por aquí sólo lo sospechan. Así que aquí me tienen: atendiendo a un teléfono desde las ocho de la mañana cual teleoperadora estilo años 20'. Al menos tiene una ventaja, y es que meterme en esta oficina del diablo me obliga a volver a procuparme por mi desharrapado aspecto, cuyo abandono estaba tomando tintes preocupantes durante las últimas semanas. La culpa la tiene la biblioteca, un lugar que nunca ha invitado al espectáculo, a pesar de mis secretos deseos de tener algún día una aventura entre las estanterías de literatura del siglo XIX. Así que al menos ahora vuelvo a estar bien vestida, peinada como Dios manda y sutilmente maquillada. Aunque el maquillaje que no pretende ser artificial es una burla a su propia esencia. Total, que con mi aspecto inmejorable me dedico a boicotear el capitalismo pasando siete horas diarias metida en Facebook y echándole vistazos a artículos en línea que tengo por leer. Piensen que, mientras les cobran comisiones por mantenimiento de cuenta, se han negado a arreglar el aire acondicionado del cubículo donde estoy metida porque consideran que me refresco suficiente con el de al lado. Y, a estas alturas, ya no es cosa de ponerme a quemar cajeros...

[Nota: resulta que al final sí que me han arreglado el aire acondicionado, aunque, como decimos por aquí, una flor no fa estiu, y, total, les siguen cobrando comisiones por respirar]

1 comentario:

Anónimo dijo...

De seguir así las cosas, sobrarán los que quieran quemar cajeros