29 enero, 2009

Todos los cuerpos

A estas alturas de la partida, con un yo más disgregado que nunca, sólo queda realizar un supremo esfuerzo de narcisismo y reunir unos cuantos de los avatares que me han acompañado en mi vida virtual (¿y qué vida no lo es?) de un tiempo a esta parte. Algo que viene a confirmar que de disolución del cuerpo en internet rien de rien. De hecho, nos morimos por hacernos un cuerpo. Nada de almas vagando solitarias por la red. ¡Cuerpos allende los mares! La obsesión por los avatares puede ser parecida a la de la cirugía estética. Busco en google por aquí, retoque por allá... y ¡voilá! Un cuerpo nuevo, un cuerpo virtual al que no le duele la cabeza y nos representa mucho mejor que esas caderas demasiado anchas, ese rostro demasiado alargado, ese grano inoportuno y todas esas otras corporalidades tan desagradables (o no, todo depende de la mirada).
De este modo, repasando mi menguada carpeta de avatares destinados al Messenger, Faceboook, Gmail y demás andaduras virtuales, he llegado a la conclusión de que tengo una increíble tendencia a combinar un exhibicionismo descarado (véase este mismo post) con una obsesión por el ocultamiento radical. Cuestiones del sujeto moderno, dicen algunos, que cuanto más se muestra más se esconde. Manías acerca del mal gusto que supone hacerse fotos ante un espejo, afirmo yo. Desde aquí aprovecho para hacer un llamamiento: niñas del fotolog, si no tenéis tetas, operaros, no os hagáis una foto con un ángulo picado, resulta todavía más patético.
En fin, que como entre autoconstrucciones andamos, ahí va mi colección...


Figura one. La famosa Lectora de Fragonard. Actualmente ocupa la imagen de este blog, en sustición a una horrenda foto de mis pies calzando sendos horrendos calcetines. Transmutación habitual en lectora decimonónica, cuanto más folletinesca mejor (aunque el cuadro es del siglo XVIII, pero no lo sabíais hasta ahora plebeyos). En realidad, es mi estado casi habitual, pero con mangas menos abullonadas.


Figura dos. El eterno, el mítico, el polémico, el decimonónico corsé. Elemento de tortura para muchas. Medio de placer para algunas. Construcción corporal burguesa imprescindible. Que estas decimonónicas no eran tan castas como parecen. Y que conste, que lo que venden actualmente no son corsés, son corpiños, los llamen como los llamen. Un corsé auténtico ahoga, y modela una figura imposible... cual si de un avatar se tratase.


Figura trois. Aunque en realidad sí, no todo van ser delirios decimonónicos. Mi querida, amada e idolatrada Barbara Krugger (cuyas imágenes ya han protagonizado algún que otro post), cuya máxima sobre la conversión del cuerpo en un campo de batalla debería convertirse por decreto ley en una oración que presidiera todas las entradas de todas las casas habidas y por haber. Amén.


Figura cuatro. Daria Morgendorfer. La mejor serie de animación creada hasta ahora. Bueno, la mejor después de Los Simpsons, de Futurama y de Padre de Familia. Pero en ninguna de ésas aparecía una futura estudiante de literatura comparada loca por Poe tan escéptica y sarcástica como ésta. Aviso para navegantes: si alguien me consigue la serie completa (como mínimo subtitulada en español) tendrá mi amor de por vida. Al que me la consiga en catalán le entrego mi cuerpo. Al fin y al cabo, no deja de ser otro avatar.

2 comentarios:

edu comelles dijo...

muy bueno éste, te leo... aunque a destiempo

:)

Alba dijo...

¡Yo también te leo, y también a destiempo! ¡La Tergiversanda une mundos blogueros! ;-)