05 septiembre, 2008

¡Bienvenido seas, septiembre!

La foto indica que en algún momento de estos últimos dos meses existió el verano. Y estoy segura que en la foto sonreía. Pero yo no lo recuerdo. Encerrarse siete horas diarias en una oficina durante el mes de agosto tiene efectos devastadores.

Salamanca returns (again). Otra vez, más días y más gente. Parece que septiembre no es lo mismo si no voy a darme un paseo por la Plaza Mayor. Pillamos fiestas. Aunque no necesitamos que estén oficializadas. Siempre he creído que en esa ciudad esos días son pura redundancia.

Academic star system. Se busca tesis doctoral, para amistad o lo que surja. Se pide buena presencia y dotes de venta. Especialmente ante los señores que reparten becas. Razón, aquí. Mientras tanto, Galdós y Las Palmas se aproximan (Montse, te hemos añorado): inscripciones, billetes y envío de documentación. He descubierto que el fax todavía existe. Qué país.

Confirmado, me quedo, al menos, un año más en la Autónoma. Y cada mediodía al levantarme me sigo preguntando por qué. Y cada madrugada al irme a dormir sigo sin saber la respuesta. Una paradoja inquietante: quien ostenta la culpa de haber logrado que me quedara afirma que esa universidad es un entorno hostil.

Antro nuevo, vida nueva. Dicen las malas lenguas que las Pupilas Gustativas volverán a abrir sus puertas dentro de un mes. Con decoración y mobiliario renovados, traídos expresamente de los contenedores más exclusivos. Y para los amantes de lo no alcóholico, la tetería Camellia Sinensis inagura hierbas y agua caliente la semana que viene, con mural diseñado por un genio local, poniendo punto y final a esta raquítica crónica sobre los antros de esta ciudad no menos raquítica.