22 julio, 2008

A la moda con Galdós

Llega un momento en la vida de todo licenciado en el que toca hacer las maletas y viajar hasta Las Palmas de Gran Canaria para ir a hablar sobre Galdós y la moda del siglo XIX a un encuentro de jóvenes investigadores. Ese momento me llegó hace un par de días, en forma de un mail en el que me llamaban "doña Alba" y aceptaban nuestra propuesta. Digo "nuestra" porque el proyecto lo planeamos entre dos. Isa y yo fuimos compañeras de piso en Salamanca y compañeras de penas y alegrías en la carerra. También compartimos, siendo muy eufemística, alguna que otra borrachera -es lo que tiene Salamanca- y más de una resaca. Aunque, en realidad, el resumen lo gestó Isa contando con mi apoyo psicológico y telefónico. Yo había huido a Tossa de Mar y me encontraba desarrollando el noble arte del no hacer nada frente al mar. Suerte de la era de la comunicación.
Pero a quien realmente tenemos que agradecer la posibilidad de volver morenas en noviembre es a nuestra querida Montse Amores, una profesora que ha logrado reconciliarnos con la literatura (especifico, con la literatura que se enseña en la UAB) y quizá un poquito incluso con la propia Autónoma. Porque muchas mujeres saben quién es Jean-Paul Gaultier. Otras, muchas menos, saben quién fue Jules de Gaultier. Pero ella es la única capaz de dar una clase confundiéndolos.
Nuestra idea es sencilla: ¿Estaba Galdós a la moda? ¿Reflejaba lo que se llevaba, en sus novelas? Acotando esa búsqueda a las novelas de Tormento y La de Bringas, queremos saber si Galdós vestía a sus personajes femeninos según dictaban los cánones del momento. Si cometía anacronismos, por ejemplo, vistiendo a la Amparo de Tormento a la moda de los años '80, momento de escritura de la novela, o se ajustaba a las modas de antes de la Revolución del '68, contexto en el que transcurren los hechos. Pero para ello necesitamos ponernos al día en moda de hace ciento cincuenta años. Isa y yo vamos a empezar un viaje por un mundo de lazos de raso, terciopelos, bullones, figurines, canesús, mantillas... a través de la indagación en las revistas femeninas de la época. Yo que escandalizo a Isa combinando marrón y negro sin pudor y el término "corte al bies" me suena a alta ingeniería. No me he leído el Cosmopolitan en la vida, pero me leeré El pensil del bello sexo. Lo que hace una para ponerse morena en noviembre. Y que viva Jean-Paul Gaultier.

18 julio, 2008

Licenciada

Finalmente sobreviví al calor, al último examen, a la Universidad Autónoma y a seis años de carrera. En un gesto épico que ni Homero en sus mejores tiempos hice el maldito examen de romanticismo y esperé a recibir la que sería la última nota de la carrera. Actas cerradas y a pagar diligentemente los 150 euros para la tramitación del título. Universidad pública, le llaman.
Ahora soy una feliz licenciada y trabajo felizmente en las áreas de trabajo más comunes para un filólogo: la atención telefónica y la hostelería. El pluriempleo también es algo muy común en el ámbito de las Humanidades.
La única respuesta que se me ocurre al por qué estoy celebrando mi primer verano como licenciada en trabajos de mierda y no bebiendo mojitos en un chiringuito es el pensar en que no es una situación definitiva. En realidad ni siquiera he terminado de estudiar. El año que viene toca Máster Oficial en Lit. Comparada, la espinita clavada desde primero de carrera. Y si soy tocada por la eterna gracia de las becas FPI del Ministerio de Educación, tal vez habrá doctorado, y no abandonaré la vida académica hasta dentro de muchos, muchos años. Mientras tanto, sigo incómodamente instalada en la provisionalidad.