07 febrero, 2008

Citas célebres de la Filología (III)

Las saturación mental que llevo en los últimos ha hecho que acabe perdiendo un tiempo en el que debería estar repasando para el examen de mañana (yo lo llamo "la indiferencia del día de antes") en rebuscar entre viejas agendas que precisamente he redescubierto hoy entre los libros. Y ¡sorpresa! he encontrado más perlas soltadas por los profesores...

"Habitualmente quien se encarga de destrozar el trabajo de los alumnos soy yo. Pero es que ese es mi trabajo." (Dolors Poch, UAB)

"Sabéis muchas más cosas de las que creéis que sabéis. Yo lo sé." (Mª J. Machuca, UAB)

"Tengo mi componente sádico, como todos los profesores." (Dolors Poch, UAB)

"Poner comas es gratis." (Antonio Penedo, UAB)

"Los gatos ven el mundo de manera distinta." (Alguno de los hermanos Blecua)

"Tengo tipificados todos los errores lingüísticos de mi marido" (Gloria Claveria, UAB)

"Porque al final de las pelis de western sabemos que el cowboy no se quedará con la chica para fundar una familia y plantar tomates, porque los tipos duros se marchan con la salida del sol, por eso son tan duros y se encienden la cerilla con la barba y todo eso" (Meri Torras)

03 febrero, 2008

Ironía postcarnavalesca

Para los pringados que tenemos el examen el viernes. Ya sabéis, "Amores, no nos acojones".

Una ironía apropiada para un día como hoy después de lo que escribí ayer sobre los autores del XIX sería empezar a poner citas de alguno de ellos. Pero es que Flaubert era un maestro de la ironía, rasgo humorístico que hoy considero más necesario que ayer pero menos que mañana. Al menos hasta el viernes, día que acabo exámenes y en el que ya no necesitaré implorar buen humor a ningún escritor muerto.

La cuestión es que Flaubert, además de Madame Bovary escribió una obra mucho menos famosa pero infinitamente más divertida en forma de diccionario de tópicos llamado Dictionnaire des idées reçues. En sus páginas le pega un buen repaso a la sociedad del momento. Éstas son algunas de las mejores definiciones que he encontrado:

Academia Francesa: Denigrarla, pero tratar de ingresar en ella si se puede.

Alcalde de la aldea: Siempre ridículo. Se considera insultado cuando se lo llama empleado municipal.

Algodón: Es útil especialmente para los oídos.

Aquiles: añadir "el de los pies ligeros". Eso hace creer que uno ha leído a Homero.

Bachillerato: protestar en su contra.

Ballesta: buena ocasión para referir la historia de Guillermo Tell.

Castillos en el aire: las ideas superiores que no se comprenden.

Catolicismo: tuvo una influencia muy notable en las artes.

Clown: ha sido desgraciado desde su infancia.

Crítico: siempre eminente. Se supone que lo conoce todo, lo sabe todo, lo ha leído y visto todo.

Deberes: exigirlos a los demás, liberarnos de los mismos. Los demás los tienen frente a nosotros pero nosotros no los tenemos frente a ellos.

Descartes: cogito, ergo sum

Egoísmo: quejarse del de los demás y no reparar en el nuestro.

Entusiasmo: siempre es imposible de describir y el diario dedica dos columnas a hablar exclusivamente de él.

Época (nuestra): protestar en su contra. Lamentarse de que no es poética. Llamarla época de transición, de decadencia.

Excepción: decir que confirma la regla. No arriesgarse a explicar cómo.

Factura: siempre demasiado elevada.

Felicitaciones: siempre sinceras, corteses, cordiales...

Fulminar: verbo agradable.

Golondrinas: no llamarlas jamás de otro modo que "mensajeras de la primavera". Como se ignora de dónde vienen, hay que decir que "de lejanas tierras" (poético).

Gramática: enseñarla a los niños desde su más temprana edad como si fuera algo claro y fácil.

Huevo: punto de partida para una disertación filosófica sobre el origen de la humanidad.

Ilusiones: presumir de tener muchas o lamentar que haberlas perdido.

Imbéciles: quienes no piensan como uno.

Literatura: ocupación de los ociosos.

Luna: inspira melancolía.

Madrugador: tipo serio. Si uno se acuesta a las cuatro de la mañana y se levanta a las ocho resulta un perezoso pero si uno se va a la cama a las nueve para levantarse a las cinco resulta un hombre activo.

Medicina: burlarse de ella cuando uno se siente bien.

Molino: queda bien en un paisaje.

Naturaleza: ¡Qué hermosa es la naturaleza! Decirlo cada vez que uno se encuentra en el campo.

Optimista: equivalente a imbécil.

Pájaro: desear convertirse en pájaro y decir suspirando "¡Alas, alas!". Ello indica que se posee una alma poética.

Rostro: espejo del alma. Por lo tanto, hay personas que deben tener almas bien feas.

Ruinas: provocan ensoñaciones y otorgan poesía al paisaje.

Tiempo: eterno tema de conversación. Causa universal de todos los males. Siempre hay que quejarse de él.

Torreón: despierta ideas lúgubres.

Vecinos: procurar que le presten favores gratis a uno.


(Fuente: Ediciones ELALEPH.COM 2005)


02 febrero, 2008

Ironía carnavalesca

Ironía. Eso es lo que necesito para tomarme con humor el maldito Carnaval. Que nadie se confunda, a mí el Carnaval me gusta, con todos esos hombres disfrazados de mujeres dando rienda suelta a su ambigüedad sexual (siempre me pregunto por qué al revés no es tan común), esos niños a los que su madre les ha enchufado el pijama de Spiderman para ahorrarse un disfraz, el bebé dormido en un carro y que no sabe que ese vestido estúpido que le han puesto se convertirá en su primer trauma, los friquis emulando personajes que nadie conoce, convirtiéndose en una copia cutre y casposa de los mismos (tú no, tú estás genial), las adolescentes vestidas de caperucita, enfermera, colegiala o "pon aquí tu disfraz", con un toque de putón prepúber (cuánto daño hiciste, Nabokov), un amigo mío que un año se envolvió en film transparente y se autodenominó "lomo embuchado"...
En fin, hay para todos los gustos. El Carnaval, sin embargo, dejó de tener sentido hace unos años cuando empezó a coincidirme con el apogeo de la época de exámenes. Así que hoy voy disfrazada de estudiante de literatura española del siglo XIX que se alegra de que esa panda de pesados denominada genéricamente como "autores decimonónicos" estén hoy bien muertos (¡Herejía filológica! ¡A la hoguera con ella! - clama mi consciencia). Pero es que es muy duro mezclar a Galdós con la música hortera de la rúa que pasa dos veces al lado de mi ventana. A pesar de tenerlas cerradas y del doble cristal que hay en toda la casa, una de esas cosas que sólo a una madre se le ocurre instalar y que hay que agradecerles toda la vida en vez de la tontería esa del haberte parido.