29 diciembre, 2008

Feisbuqueando aquí y allá

He caído. Por culpa de cuatro galdosistas. Ya tengo cuenta en Facebook. Ya puedo perder más tiempo al día en escribir actualizaciones estúpidas, en comentar actualizaciones ajenas igual de estúpidas que las mías o en apuntarme a grupos absurdos para que el imbécil que chafardee en mi perfil pueda saber que además de ser una intelectual, destilo un agudo sentido del humor. Entre otras actividades igual de provechosas. Hace poco leí que el inventor de Facebook es un niñato de mi edad que se ha embolsado una cantidad obscena de millones con la idea. No estudiéis Filología, niños.
Realmente, hay que reconocer que la página es un invento perfecto para los tiempos que corren. Amistades del comentario ágil, gilipollas y perfectamente deshechable. Configuración de una identidad virtual: teóricos de turno, es vuestro gran momento. Aunque, en general, la vida virtual que el personal intenta construir en Facebook suele ser igual de patética que la vida al otro lado de la pantalla. Por mucho que cuelgues la mierda de tus fotos de fiesta para demostrarle al mundo la cantidad de amigos que tienes y lo bien que te lo pasas. Eso ya suele ser un indicador de patetismo importante. En mi caso, mi vida feisbuquiana es igual de insulsa que el resto de mi vida fuera de la pantalla. Será que tengo poca imaginación, digo yo.

1 comentario:

Juan Luis dijo...

Totalmente de acuerdo con la agobiante idea de la amistad que promueve el facebook. Yo tengo cuenta que no he llegado a utilizar, ya que salí de allí espantado. De todos modos, a lo mejor acabo de caer del todo, con estas cosas nunca se sabe y nuestro nivel de patetismo siempre nos sorprende, por lo menos a mí.

Saludos.