23 noviembre, 2008

Living Las Palmas

Como Nicolas Cage pero en versión filológica.
Quizá voy un poco tarde en escribir esta entrada, teniendo en cuenta que volví de las Palmas hará ya un par de semanas. ¿O menos? Tengo el sentido del tiempo algo atrofiado últimamente, suele ocurrir cuando una se encierra en casa o en la biblioteca para llevar a cabo tareas afines.
Resulta muy difícil resumir todo lo que ocurrió a lo largo de cuatro días en ese encuentro de jóvenes presuntos investigadores de Galdós. Porque, galdosistas, lo que se dice galdosistas in stricto sensu, había más bien pocos. Ahora, de filólogos con preocupante tendencia al alcoholismo había unos cuantos más. Ciertamente, en el mundo de las letras hay muchas adicciones. Es lo normal cuando pasas años escuchando preguntas del tipo ¿y eso pa' que sirve? Se acaba desarrollando un increíble poder para ignorar la gran mayoría de mensajes que se reciben pero puede tener consecuencias psicológicas desastrosas, baste mi ejemplo.
Una de esas aterradoras consecuencias es lo que ocurre al juntar a diez filólogos (y a ti también María, aunque vengas de un lado oscuro), con sus diez correspondientes complejos y angustias particulares por lo mencionado más arriba y darles de beber. El resultado son diez tarados cantando en un restaurante y brindando por cosas que nadie -excepto ellos mismos- entienden. Desde aquí aprovecho para pedir perdón a todos aquellos usuarios a los que les amargamos la cena, aunque, por otra parte, seguro que bien merecido lo tienen por haber formulado alguna vez la eterna pregunta mencionanda antes a algún pobre estudiante de letras. ¡Filólogos del mundo, uníos y vengaros! No tenéis nada que perder aparte de... no, no tenéis nada que perder.
Podría dedicarme a explicar muchas anécdotas sobre estos días, cómo la de porque no hay que poner un parque en el camino de un grupo de borrachos, pero prefiero guardarlas para el recuerdo. Para el recuerdo y las fotos de Facebook. En vez de eso haré algo que no suelo hacer, y es el de daros las gracias a todos por... no sé, por haber cantado la canción de la Abeja Maya ante la sacrosanta presencia de Germán Gullón, por ejemplo. Y creo que con esto, y una ofrenda floral, es más que suficiente.


Imágenes: realizadas por alguno de los asistentes al congreso (¿quizá yo? con tanto lío de cámaras ya no me aclaro). La primera corresponde a la placa que hay en la entrada de la Casa-Museo Pérez Galdós. La segunda a la surrealista ofrenda floral que se realizó como acto de clausura.

5 comentarios:

JESS dijo...

Jajaja! Es la primera vez que entro aquí, y mira qué casualidad que yo, también filóloga, aunque nadie lo diría, desde Brasil, llevo todo el día con la canción de la abeja maya en la cabeza!!
jajaja!! Un besote, Alba!

Alba dijo...

¡Hola bonica! ¿Cómo te va por Brasil? Por lo que leo en tu blog parece que bien. Con esas fotos de esas playas logras deprimirnos a todos... ¡Un beso a ti también!

Isabel dijo...

Querida Alba y demás filógos!
Cuánta razón tienes! Uno se pregunto ¿por qué? tantas veces al día, que de vez en cuando, una tiene la oportunidad de conocer a gente como la del congreso de Las Palmas y se da cuenta que la respuesta está mucho más clara de lo que parece. Eso sí, amigos filólogos nuestro mundo laboral no llega a ser ni "incierto" porque eso implicaría que en algún momento existió, así que montemos un bar y acojamos a todos nuestros compañeros de carrera y aledaños y hagámonos ricos!!!
Firmado: La que se dejo la mitad del corazón y el hígado en Salamanca.

Un beso a todos los afectados, os acompaño en el sentimiento

Alba dijo...

¡Hermana del alma! ¡Cuánta razón tienes!

Jesús dijo...

Creo que esta entrada es la definición perfecta del congreso de "jóvenes investigadores" (sí, entrecomillado, después de que la Wii me dijera en Barajas que mi edad era de 52 años). Entre tantas incógnitas, sin duda la ganadora, por su planteamiento misterioso digno de Íker Jiménez, es la del parque. Pero sólo hay una única verdad: ¡es muy fácil hacernos felices!

Os recuerdo que ese día me recogí a las 7 de la mañana, e Isa me llamó "delincuente" minutos antes de volverme a Cádiz, jajaja.

¡Un beso enorme! ¡Quiero repetir la experiencia!