18 julio, 2008

Licenciada

Finalmente sobreviví al calor, al último examen, a la Universidad Autónoma y a seis años de carrera. En un gesto épico que ni Homero en sus mejores tiempos hice el maldito examen de romanticismo y esperé a recibir la que sería la última nota de la carrera. Actas cerradas y a pagar diligentemente los 150 euros para la tramitación del título. Universidad pública, le llaman.
Ahora soy una feliz licenciada y trabajo felizmente en las áreas de trabajo más comunes para un filólogo: la atención telefónica y la hostelería. El pluriempleo también es algo muy común en el ámbito de las Humanidades.
La única respuesta que se me ocurre al por qué estoy celebrando mi primer verano como licenciada en trabajos de mierda y no bebiendo mojitos en un chiringuito es el pensar en que no es una situación definitiva. En realidad ni siquiera he terminado de estudiar. El año que viene toca Máster Oficial en Lit. Comparada, la espinita clavada desde primero de carrera. Y si soy tocada por la eterna gracia de las becas FPI del Ministerio de Educación, tal vez habrá doctorado, y no abandonaré la vida académica hasta dentro de muchos, muchos años. Mientras tanto, sigo incómodamente instalada en la provisionalidad.

2 comentarios:

Darco dijo...

En cualquier caso, felicidades y que te vaya muy bien, licenciada :)

Juan Luis dijo...

Hola.

Ante todo, ¡Enhorabuena!. Realmente es injusta la situación de las carreras de letras. Aguanta el tirón y ya vendrán tiempos mejores.

Saludos.