27 octubre, 2007

Lo que no y lo que sí

"Pensé que en la vida de las personas era más importante lo que sucedía que lo que no sucedía. [...] Pensé entonces que cada uno de nostros lleva dentro un 'lo que no', es decir, algo que no le ha sucedido y que sin embargo tiene más peso en su vida que 'lo qué sí', que lo que ha ocurrido. Es posible que haya personas en las que misteriosamente se cumpla 'lo que no' y dejé de cumplirse 'lo que sí, pero no tengo ningún caso documentado de lo que, de existir, sería una aberración pavorosa."

(Juan José Millás, Dos mujeres en Praga)

Quería escribir sobre el tema y de hecho tenía un texto fantástico en la cabeza sobre ello. Pero quizá pertenecía al mundo de 'lo que no'.

07 octubre, 2007

Domingos

Alguien debería, de una vez por todas, prohibir los domingos. Incluso la etimología es desagrable. Mientras que la mayoría de días de la semana provienen de mitologías precristianas - así, el lunes viene de LUNAE, día consagrado a la Luna, o el martes de MARTIS, en honor al dios Marte - la palabra domingo proviene de DOMINĭCUS DIES, es decir, el día del Señor. Ya se sabe, eso de que al séptimo día descansó. Pero es que actualmente los domingos se han convertido, no en el día de descanso, sino en una antesala al lunes, un día de espera en el que ésta resulta más horrible que el propio lunes. El domingo es un día dedicado a matar el tiempo, un día que nace muerto de antemano. Incluso aunque uno se despierte sin resaca. Precisamente por este motivo, hay pocas entradas del blog escritas en domingo. Éste es uno de los primeros en los que, entre tedio y tedio, después de haberme leído sólo la mitad de los suplementos de El País, he pensando en ponerme delante del ordenador a seguir matando minutos a cañonazos. Y, curiosamente, sólo se me ha ocurrido ponerme a escribir sobre los domingos.
Sin embargo, me resisto a terminar la entrada sin hacer mención a algo que sí vale la pena de este día de la semana: el sin par aperitivo (vermouth, para los que querían dárselas de modernos hace veinte años). Aunque debo reconocer que aquí en Catalunya es una costumbre poco practicada. Recuerdo, por ejemplo, que una de las cosas que más me sorprendió los primeros días en Salamanca era lo llenas que estaban las terrazas cualquier sábado o domingo a las dos de la tarde. No es que aquí no se practique, sino que es una costumbre menos extendida. Quizá porque resulta desalentador que te cobren las aceitunas o las patatas fritas aparte del precio habitualmente excesivo de la caña. Quizá porque aquí nadie sabe lo que es el vermú de grifo que tienen en todos los bares de Madrid. Por lo que a mí respecta, yo lo practico más bien poco, aunque no se debe a cuestiones nacionales, sino a mi natural tendencia a no levantarme antes de las doce. Aunque ése, es otro tema...

(Imagen: Ernst Ludwig Kirchner - "Die Artist")

05 octubre, 2007

Filología y literatura comparada, o porque los perros y los gatos se llevan mal

Uno de los motivos por los que valía la pena regresar a la UAB era por volver a hacer alguna asignatura de la licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Salamanca era maravillosa, y muchos de sus profesores también, pero en lo que a Filología concierne eran más papistas que el Papa. Se trata de un enfrentamiento que viene de lejos, probablemente desde la primera vez que se usó el término en Francia. A día de hoy, los profesores de Hispánicas siguen lanzando piedras sobre sus colegas de Comparada, mientras que éstos últimos les devuelven el ataque. Resulta algo francamente divertido.
Resumiendo mucho para los que no sepan de qué va la historia: la Filología se centra en un análisis literario y un concepto de literatura de carácter habitualmente historicista, basado en la cronología y en las literaturas nacionales. Uno estudia una historia de una literatura, en un país y acotada en periodos cronológicos (Medieval, Siglos de Oro, etc.). La Lit. Comparada, en cambio, estudia los textos de una manera que no tiene por qué ser diacrónica. Por ejemplo, hace un par de años hice una asignatura en la que saltábamos directamente de Virgilio a Dante pasando por los evangelios apócrifos. Las relaciones entre textos están condicionadas a otras esferas de la vida como el resto de las artes, política, ciencia o religión. Esto en la práctica se traduce en dos maneras muy distintas de ver el mundo y de concebir la literatura. Ergo, dos departamentos que suelen enfrentarse. Para los de Filología, la Literatura Comparada es una disciplina (eso los que llegan a considerarla como tal) que ha venido meter las narices donde nadie se lo había pedido. En palabras textuales de un profesor que tuve una vez, "los de Comparada hablan mucho de todo sin saber absolutamente nada". Para los de Comparada, los de filología son una especie de fósiles incapaces de evolucionar que poseen la injusta ventaja de tener a la tradición de su parte. Se podría decir que esa licenciatura de segundo ciclo (en peligro de extinción gracias a la nueva reforma de universidades) es el hijo rebelde de la Filogía. Un hijo que ya se ha hecho mayor y que se ha emancipado pegando un buen portazo al salir de casa. Aunque yo soy de Filología, miro a ese hijo rebelde con bastante simpatía, cosa muy habitual entre descreídos de la carrera como yo y unos cuantos más. Y otra vez, después de tradicionalismo filológico salmantino, se me vuelve a meter el gusanillo (llámalo gusanillo, llámalo parásito) del poder aprender las cosas de otra manera. De poder aprender, al fin y al cabo, otras cosas.

02 octubre, 2007

Primer día de clase

Primer día de clase. Bolis, agenda, carpeta y una lista de lecturas obligatorias escalofriante y apasionante a la vez. Primer día también en que se paran las clases por la asamblea. Primer día de tren. Primer día de volver a ver a mis compañeras de piso y de vida en Salamanca. Y de acordarnos de Anaya. Presentaciones, programas de asignaturas, conferencias. Los repelentes de siempre, que a pesar de ello tardan lo mismo que yo en acabar la carrera. Repelentes nuevos. Amigos viejos. Profesores más viejos todavía. Bar nuevo, impecable y más amplio, pero con las mismas colas, menos humo y poco encanto. Realismo decimonónico.
De postre, me quedo con la frase que hoy ha pronunciado un escritor mexicano que ha venido a dar una conferencia: "Cuando mi hijo ve una rosquilla, inmediatamente grita ¡Homer Simpson! Eso es posmodernidad."