09 noviembre, 2007

"Y entonces entró con una bazoca y los mató a todos." ¿Veis? ¡Eso es fantasear!

Descubro, para mí desesperación egocéntrica, que me he constituido como el único bastión de inmoralidad que queda en este mundo. Estupenda frase que he leído en un fotologuero amigo de una amiga de dudosa estabilidad mental. El fotologuero, no mi amiga. Bueno... quizá ambos.
Descubro, y esta vez no plagio a nadie, que los adolecentes españoles, colistas en todas las listas de todos los informes sobre todos los desastres de la educación en Occidente, han inventado una nueva semiótica. No lo digo yo, me lo han contado hoy en clase. Por lo visto el hecho de que los chavales compongan textos a base de cortar y pegar otros textos de Internet remueve los cimientos culturales más básicos, mata al autor definitivamente y cambia totalmente el concepto de texto y de creación, haciendo realidad el desasosiego postmoderno. Genial, Foucault y Barthes estarán haciendose pajas en el más allá. - ¡Manifiéstate Roland! - ha dicho hoy una profesora al ver que una bombilla parpadeaba. ¡Deja de manifestarte, Boris Izaguirre! grito yo al ver que la televisión emite unos sonidos extraños. Lo que quizá no saben esos apóstoles de la semiótica es que lo de fusilar textos en los trabajos y omitir al autor es algo que se hacía ya antes de Internet. Se llamaban enciclopedias. Un día aparecía por casa un señor que acusaba a unos padres inocentes y aterrorizados de no velar por el futuro de sus retoños. Siempre llevaba corbata y su especialidad era augurar tremendos fracasos escolares. Al día siguiente había una estantería nueva con una enciclopedia. Y cuando los encantadores retoños debían hacer un trabajo sobre cualquier personaje ilustre, abrían la enciclopedia y copiaban como los pequeños cabrones que eran. Éramos. Es probable que lo sigamos siendo. Y con eso ningún apóstol de la semiótica hacía tesis doctorales.

1 comentario:

tergiversanda dijo...

¡¡Qué grande, Alba!! Yo era uno de esos retoños cabrones, y sigo siéndolo. Digo.