05 octubre, 2007

Filología y literatura comparada, o porque los perros y los gatos se llevan mal

Uno de los motivos por los que valía la pena regresar a la UAB era por volver a hacer alguna asignatura de la licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Salamanca era maravillosa, y muchos de sus profesores también, pero en lo que a Filología concierne eran más papistas que el Papa. Se trata de un enfrentamiento que viene de lejos, probablemente desde la primera vez que se usó el término en Francia. A día de hoy, los profesores de Hispánicas siguen lanzando piedras sobre sus colegas de Comparada, mientras que éstos últimos les devuelven el ataque. Resulta algo francamente divertido.
Resumiendo mucho para los que no sepan de qué va la historia: la Filología se centra en un análisis literario y un concepto de literatura de carácter habitualmente historicista, basado en la cronología y en las literaturas nacionales. Uno estudia una historia de una literatura, en un país y acotada en periodos cronológicos (Medieval, Siglos de Oro, etc.). La Lit. Comparada, en cambio, estudia los textos de una manera que no tiene por qué ser diacrónica. Por ejemplo, hace un par de años hice una asignatura en la que saltábamos directamente de Virgilio a Dante pasando por los evangelios apócrifos. Las relaciones entre textos están condicionadas a otras esferas de la vida como el resto de las artes, política, ciencia o religión. Esto en la práctica se traduce en dos maneras muy distintas de ver el mundo y de concebir la literatura. Ergo, dos departamentos que suelen enfrentarse. Para los de Filología, la Literatura Comparada es una disciplina (eso los que llegan a considerarla como tal) que ha venido meter las narices donde nadie se lo había pedido. En palabras textuales de un profesor que tuve una vez, "los de Comparada hablan mucho de todo sin saber absolutamente nada". Para los de Comparada, los de filología son una especie de fósiles incapaces de evolucionar que poseen la injusta ventaja de tener a la tradición de su parte. Se podría decir que esa licenciatura de segundo ciclo (en peligro de extinción gracias a la nueva reforma de universidades) es el hijo rebelde de la Filogía. Un hijo que ya se ha hecho mayor y que se ha emancipado pegando un buen portazo al salir de casa. Aunque yo soy de Filología, miro a ese hijo rebelde con bastante simpatía, cosa muy habitual entre descreídos de la carrera como yo y unos cuantos más. Y otra vez, después de tradicionalismo filológico salmantino, se me vuelve a meter el gusanillo (llámalo gusanillo, llámalo parásito) del poder aprender las cosas de otra manera. De poder aprender, al fin y al cabo, otras cosas.

3 comentarios:

karl dijo...

Desde luego y sin condicional
la asignatura pendiente es la equidad de la que la filología no goza por que ciertas comparaciones han sido más hábiles y más atractivas para los curiosas de las cosas que se dicen con cosas sobre cosas y cosas:)

Rubén dijo...

Desde que leí "Cartas a un joven poeta" de Rilke, supe que la literatura sería mi pan y circo.

He cursado una diplomatura y el próximo año acabaré en salamanca haciendo literatura comparada. Si has estado allí me vendría muy bien contactar con alguien que ha pisado esa facultad.

rubens156@msn.com

Y lo de ser perros y gatos, en el fondo todos somos lobos. Esteparios.

Anónimo dijo...

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