28 agosto, 2007

El mundo de la seguridad

La preocupación por la seguridad es una obsesión característicamente burguesa. En el siglo XIX el ser humano acabó de consolidar un mundo muy alejado del "valle de lágrimas" que había sido la vida apenas dos siglos antes. El ocio y las comodidades que el capitalismo ponía al alcance de la nueva clase dominante supuso que el hombre ya no quisiera morirse. La gloria eterna y la espiritualidad se convirtieron en tan sólo una serie gestos estereotipados que se hacían en la iglesia los domingos o en fiestas señaladas. Frente a una vida plácida, aunque también algo anestesiada, el burgués empieza a temer las posibles amenazas hacia su vida o su capital. El proletariado se empieza a perfilar como un peligro latente, aunque no es el único. No es casualidad que las primeras policías nacionales y urbanas nazcan en el XIX, ni las novelas de detectives como Sherlock Holmes, en las que por medio de la razón reestablecen el orden burgués inicial. Aquí también radica el interés por lo patológico. El morbo también es un invento burgués. Cómo explicar, si no, que una serie de asesinatos en cadena conviertan a un anónimo psicópata en un auténtico mito como fue Jack el Destripador.
Lo interesante de ese terror burgués es que, paradójicamente, asesinatos, atracos y cuestiones similares son estadísticamente insignificantes, y coinciden con la creación, por primera vez en la historia, de ciudades seguras, iluminadas, por las que sí se puede andar, a diferencia de las urbes de un par de siglos atrás. De este modo, pese a que las posibilidades de morir asesinado por un psicópata son más bien remotas, la burguesía hace de ello un tema realmente angustioso.
Por cuestiones de trabajo (aunque yo sólo atienda al teléfono) he podido fijarme en cómo trabaja hoy en día un departamento de seguridad. En un mundo más paranoico que nunca, en el que todo el mundo teme lo que pueda surgir detrás de cualquier esquina, y las empresas de seguridad están nadando en mares de dinero, me divierte mucho ver trabajar a mis compañeros. Volvamos otra vez a la estadística: en los últimos diez años creo que han ocurrido una dos acciones realmente graves. Sin embargo, hay una infraestructura completa de cámaras, alarmas, grabaciones y personal dedicado a ello. Supongo que muchos dirían que si no existiera esa infraestructura entonces sí ocurrirían cosas más graves, y seguramente tengan algo de razón. Pero cuando se lleva un par de meses viendo un departamento dedicado exclusivamente a "temer" y a "imaginar" futuros ataques, se acaba pensando que quizá aquel terror burgués, aquella esquizofrenia de clase, ha acabado extendiéndose y profesionalizándose para convertirse, como no, en uno de los mayores negocios del siglo. Para que luego hablen de posmodernidad.

(Imagen: http://edbeals.com/3d/security.htm)

1 comentario:

Carlos dijo...

hola.


Sólo dos cositas. la primera es que discrepo bastante sobre si de veras hace tan sólo dos siglos y poco que la persona, a veces ser humano, teme morir; ya cuando aun éramos homo sapiens evolucionados - lo superamos con el renacimiento ( al menos la clase dominante )-y la vida en europa a los 10 solía regalar piorreas. Se temia morir...acojonaba morir, vamos seguro que acojonaba hasta salir de casa... piensa que el purgatorio se creó en el siglo XII-, con lo cual la mínima
equivocación podía llevarte a la condena. No obstante, no tenían la noción de pérdida de vida vivida con intensidad, de objetos, de bienes y supongo que algunas cosas más.

Sobre lo de temer e imaginar, casi planificar escenas de pánico en las que se pierden cosas y esos seres humanos queridos hasta el límite de la paranoia - ¿la paranoia es lo normal, no? y que son motivo de negocio estoy de acuerdo que han estancado el avanze del ser humano a seres superiores como el ser marino o el ser garbanzo especial - y el especial es muy especial - pero el negocio con el miedo lo inventó el mundo eclesarial.
si no, ¿por que iban a inventar el purgatorio?